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Las 133 viviendas diseñadas por Carlos Ferrater tendrán una«doble piel» para matizar la luz y paneles móviles en el interior

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No es fácil crecer junto a un coloso de 165 metros de altura sin quedar en la sombra. Los dos edificios de viviendas que flanquearán la Torre Iberdrola completarán el paisaje de Abandoibarra con fachadas de líneas sobrias pero dinámicas, que cambiarán de aspecto en función de las condiciones meteorológicas y la voluntad de los vecinos. Los arquitectos Carlos Ferrater, Luis Domínguez y Xavier Martí han acercado a Bilbao una técnica utilizada en el mediterráneo: la «doble piel» -a base de vidrio y paneles fijos y móviles- que permite matizar la luz a la medida de cada inquilino. Un lujo propio de la zona más exclusiva de la ciudad y de unos pisos que costarán, dice la promotora, «una media de 9.000 euros por metro cuadrado útil».
Son cifras apabullantes en plena crisis económica, aunque quizá sea este mercado el que menos padezca los rigores del parón inmobiliario. En cualquier caso, las 133 viviendas que conforman ambos bloques -80 y 53- no se entregarán hasta julio de 2011, cuando concluyan las obras en el exterior del rascacielos, por motivos de seguridad. Los trabajos ya están en marcha en la fase de cimentación y construcción de garajes, compartidos por la torre y los edificios residenciales de Promotora Vizcaína. Hasta ahora, 1.875 personas han mostrado interés en estos inmuebles, a falta de iniciar la fase de ventas.
Los ciudadanos que paseen por Abandoibarra no verán fachadas acristaladas en estos edificios, sino una combinación de vidrio, celosías, diferentes tonos de aluminio y perfiles de acero que conectan con la tradición industrial de Bilbao. Las viviendas, sin embargo, estarán totalmente rodeadas de cristal, del techo al suelo, con carpinterías «practicables» para poder abrir los ventanales desde el interior. A unos sesenta centímetros de distancia se extenderá la segunda piel, formada por paneles fijos y móviles, más o menos traslúcidos, que permiten controlar la cantidad de luz que entra en la casa. «Antes nos defendíamos de la lluvia, pero el cambio climático nos lleva a defendernos cada vez más del sol», afirma Luis Domínguez.
La cocina, en el salón
Es una técnica similar a la utilizada en el nuevo edificio de la Basf del Paseo de Gracia en Barcelona, cerca de La Pedrera, pero adaptada al perfil de Bilbao. Los paneles aportan movimiento a la fachada, donde sobresalen las «almenas» de las terrazas, y crean un espacio diferente dentro de las casas: ese 'pasillo' de sesenta centímetros «que no es interior ni exterior. Eso da mucho juego a la vivienda», destaca Ferrater. «La amplía, la protege, la vuelca en el paisaje o la privatiza, según cómo manejes esos elementos».
De puertas adentro hay viviendas de diferentes tamaños, de una sola planta o dúplex. Desde un apartamento de 57 metros cuadrados -que cuesta 447.000 euros- hasta un piso de 178 más 96 de terraza. La vivienda tipo tendrá cuatro habitaciones, cocina, salón, tres baños y dos terrazas. En total, unos 198 metros, aunque hay otras de dos y tres habitaciones. En el interior también se colocarán paneles móviles «para conseguir una distribución más flexible», explica el arquitecto Beñat Saratxaga, que colabora en el proyecto. La cocina, por ejemplo, «puede incorporarse al espacio del salón». Algunas paredes estarán forradas de madera.
Lo que todos los pisos tienen en común es que serán totalmente exteriores. Se han eliminado los patios interiores para conseguir viviendas «pasantes», con doble orientación. La distribución está pensada para que haya una zona «de día» -salones y cocinas que se asoman a la plaza Euskadi- y otra «de noche». Los dormitorios dan al espacio arbolado que separa los bloques de pisos de su vecino el gigante. En principio estaba prevista una distancia de sólo quince metros, pero los arquitectos lograron ampliarla hasta sesenta para que las viviendas ganaran espacio y luz. Dos señas de identidad inequívocas de los pisos de lujo. «La luz es la materia prima de la arquitectura y la geometría, nuestro instrumento», resume Carlos Ferrater. «Tratamos de que el edificio esté vivo y pueda configurarse según las necesidades de sus habitantes».
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