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CULTURA

Relató el renacimiento cultural vasco de los últimos años y escribió las primeras crónicas municipales de la democracia
04.10.08 -

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Fallece a los 51 años Toño González Carrera, periodista de EL CORREO
Toño González Carrera acaricia una escultura de Eduardo Chillida en Madrid, junto a Susana Chillida. / C. BARROSO
José Antonio González Carrera, periodista de la sección de Vivir de EL CORREO, murió ayer en el hospital bilbaíno de Basurto, víctima de una enfermedad fulminante que se lo ha llevado a los 51 años. Toño, como todos le llamábamos, había nacido en Bilbao el 1 de abril de 1957 y se crió en el barrio de Irala. Estudió periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona y tuvo una activa participación en la creación de la Unidad de Ciencias de la Información de Leioa, embrión de la Facultad correspondiente de la UPV.
Llegó a EL CORREO en 1978 para informar del concurso radiofónico 'Área 5', que el periódico patrocinaba. Tras un breve paso por el vespertino 'Hierro', volvió a esta Redacción para cuajarse como un veterano. Inquieto siempre, Toño quiso conocer el periodismo de Madrid y hasta allí se fue para trabajar como redactor de sucesos y tribunales en el 'Ya'. Después, como siempre, volvió a su Bilbao y a este periódico; su casa de siempre. Sagaz como los periodistas de raza, trabajó en aquellos primeros compases de su carrera en el campo de la información local y específicamente en la relativa al Ayuntamiento de Bilbao. Empezó con Jon Castañares, el primer alcalde elegido en democracia, y siguió en su labor con las sucesivas corporaciones que encontraron en González Carrera al notario fiel e imparcial de la vida municipal, y también a un vigilante implacable del buen funcionamiento de las instituciones.
Fue así también cuando años después se entregó con todo el saber que había acumulado de manera autodidacta, ayudado por una sensibilidad que nunca le abandonó, a dar cuenta puntual del despegue cultural de Bilbao y del País Vasco. Enemigo de los enfoques partidistas y de mira corta, Toño participó del nacimiento del Guggenheim, que tanto cambiaría la vida de la ciudad, como si de una idea propia se tratara. Fruto de esa ilusión nació el deseo de escribir un libro sobre el museo -'El milagro Guggenheim'-, una aventura que compartió con sus compañeros Alberto Tellitu e Iñaki Esteban.
Ese inconformismo le hizo siempre incorregible en las preguntas, excesivo en la generosidad, incombustible en la conversación y tenaz en los principios. Pocos en esta profesión se creen que todavía se puede cambiar el mundo desde una Redacción. Él lo creía y lo ejercitaba, por eso se empeñó en que «nuestro museo» no perdiera nunca el brillo del titanio: de su mano salieron los mejores elogios hacia el proyecto, pero también fue el primero en sacar a la luz sus sombras.
Su última entrevista
Su quehacer profesional deja cientos de páginas escritas siempre tarde, en un desorden que sólo periodistas como él saben hacer brillante, pero redactadas con el corazón en la mano y sentado a una mesa que ayer seguía con sus cosas, sus banderas, sus últimos pósters en la pared y con unos cajones que nos costará mucho abrir y que seguro rebosan de meticulosos informes recopilados durante años. Su última firma se la llevó el pintor Antonio López en una amplia entrevista publicada a finales de agosto. «Estoy cambiando la cabeza del Rey», le confesó el artista en su estudio de Madrid, embarcado en el cuadro sobre la Familia Real.
Sus compañeros y sus amigos hemos perdido a un ser irrepetible, sumido a veces en un carácter tiernamente solitario pero vehemente en sus sentimientos y expresiones. Toño era él cuando se exaltaba contra las lacras de esta tierra y cuando caía en el abatimiento por una derrota del Athletic. Aun así, ningún avatar le restó energía en el trabajo ni alegría en el trato con sus amigos y camaradas.
Quienes le conocimos y tratamos nos quedamos con el recuerdo de cualquiera de sus ocurrencias y con las múltiples llamadas y consuelos de los muchos que ayer llamaron a esta Redacción como el director del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Javier Viar, del Prado, Miguel Zugaza, políticos y parlamentarios vascos, representantes de instituciones, además de decenas de colegas de otros medios y amigos. A todos, gracias en nombre de Toño.
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