El atasco matutino en la Avenida Zumalacárregui de Bilbao empieza a ser una tradición para los conductores que circulan a diario por esa arteria de la villa, pero ayer la situación llegó al colapso. Desde las diez de la mañana, los operarios que trabajan en la construcción de la nueva rotonda cerraron al tráfico dos de los cuatro carriles de la avenida, uno en cada sentido. No tardó en formarse un embudo a la altura del parque de Etxebarria, justo en el punto en el que se unen los vehículos procedentes de Maurice Ravel y los que llegan desde el Ayuntamiento.
En cuestión de minutos, el tráfico se detuvo. La carretera no 'tragaba' y recorrer los metros que separan el puente de La Salve y Begoña se convirtió en una larga pesadilla de, en el mejor de los casos, tres cuartos de hora. No es la primera vez que estas obras obligan a cerrar carriles, pero ayer la lluvia se convirtió en el peor aliado y miles de coches fueron metiéndose en un atolladero que no se alivió hasta pasadas las 17.00 horas, cuando los operarios liberaron de nuevo todos los carriles.
El Ayuntamiento quiso aclarar que «las obras son responsabilidad de la Diputación y a ella le corresponde avisar de los cortes de tráfico que vaya a realizar». Al margen de ello, añadieron que «la Policía Municipal ha acudido al lugar para regular el tráfico, pero no podemos hacer nada más. No podemos decirle a la Diputación cómo deben hacer las obras». Desde la institución foral aseguraron que «hemos realizado el corte de tráfico a las horas que permite el Ayuntamiento, entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde. Por la noche no podemos hacer ninguna obra porque provocaríamos molestias a los vecinos».
Desde la Diputación también explicaron el motivo del cierre. «El miércoles se echó aglomerado y esta vez los operarios han intentado pintar, pero la lluvia ha obligado a parar varias veces así que deberán continuar en los próximos días», advirtieron. Los responsables forales lamentaron «las molestias», pero recordaron «que se trata de un obra en el mismo centro de la ciudad, por lo que los problemas de tráfico son casi inevitables». El consuelo es que «queda menos de un mes para que terminen las obras».
«Aquí nadie avisa»
Las explicaciones del Ayuntamiento y de la Diputación no dejaron satisfecho a nadie. Quienes se toparon con la 'trampa' de coches nada más salir de los túneles de Artxanda, y de abonar el euro y 10 céntimos que cuesta su uso, protestaban porque «nadie haya avisado de lo que nos íbamos a encontrar. Ni un indicador, ni policía ni nada». Desde luego, los problemas de tráfico en esta zona no son nada nuevo, «pero esta vez ha sido terrible. La cola apenas se movía y hasta no pasar Maurice Ravel, que hemos visto que había carriles cortados, ni siquiera sabíamos qué pasaba», relató una conductora.
Los que tomaron el transporte público pasaron el mismo trago. Un usuario de la línea 40 censuraba que «he estado 20 minutos en la parada del Ayuntamiento hasta que ha venido el autobús y luego hemos tardado otra media hora en llegar a Santutxu. Normalmente, lo haces todo en un cuarto de hora». A los autobuses que circulan por esta vía les llevó horas recuperar las frecuencias habituales.
Tras el caos de la mañana, a mediodía la situación pareció calmarse, pero a las 16.00 el embudo volvió a producirse y un profesional del volante exclamaba que «no hay derecho. El Ayuntamiento no tiene ni idea de lo que está ocurriendo». Este conductor criticaba «que no se haya avisado para que demos la vuelta por donde haga falta, porque esta vía está inutilizada desde el puente de La Salve». Atención, porque hoy continúan las obras.