La Universidad del País Vasco debe huir de la «politización, el cainismo y el localismo vasquista». En pleno debate sobre la reforma de los modelos lingüísticos, Juan Ignacio Pérez aprovechó su último discurso como rector de la UPV, en la inauguración del nuevo curso académico, para alertar con claridad y contundencia de los riesgos que, a su juicio, afronta la institución en su objetivo de alcanzar la «excelencia en formación e investigación». Entre las amenazas latentes destacó a los que se «oponen a las clases en inglés como medio para defender el euskera».
En presencia del lehendakari, Juan José Ibarretxe, y del consejero de Educación, Tontxu Campos, la alocución de Pérez sirvió para abrir el acto solemne del curso 2008-2009, en la Facultad de Letras de Vitoria. El rector aprovechó la cita para hacer balance de su cuatrienio al frente de la UPV, dejar sobre la mesa algunas «reflexiones críticas» y alertar sobre el peligro de que los integrantes de la comunidad universitaria caigan «en el acomodamiento y la autocomplacencia», y ello les lleve a «resistirse a ser medidos y comparados». En su opinión, esas resistencias «pueden condenarnos a la mediocridad» si no se atajan.
«Sin renunciar a sus raíces» y a su vocación de servicio a la sociedad de la que forma parte, Pérez puso el acento en que la Universidad debe aspirar a ser «reconocida y valorada en el resto del mundo por la calidad de la formación» que reciben los alumnos y «por el nivel de la investigación» que se realiza en sus aulas, talleres y laboratorios. Sólo así -dijo- será una Universidad «elegida por estudiantes e investigadores».
Tres riesgos
Para lograr ese reto, la institución académica deberá «conjurar» tres riesgos. El primero, explicó, «tiene que ver con el cainismo que, desde hace ya demasiado tiempo, se ha instalado en nuestro país como subproducto de la confrontación partidista». En virtud de esa situación existe la «tentación permanente desde dentro y fuera» de la Universidad de utilizar a ésta como «trinchera en el combate ideológico-político». «Es fundamental rechazar esa pretensión y negarnos rotundamente a permitir usos bastardos de lo universitario porque los debates extraacadémicos nos hacen mucho daño, malgastan energías y desenfocan el perfil de los verdaderos retos», añadió Pérez.
El rector precisó, sin embargo, que su reflexión no se refería a los debates sobre el terrorismo de ETA, ya que «entiendo que los principios éticos son tan abrumadoramente claros que no puede haber lugar para el disenso». «A lo que me refiero, en realidad, es a algo muy distinto», aclaró. «Los universitarios no debemos permitir que los prejuicios, las ideas preconcebidas o los apriorismos ideológicos o sociales que afloran a nuestro alrededor contaminen el patrimonio universal que representa el conocimiento, ya que nuestro deber es no caer en reyertas cainitas», enfatizó.
Pérez dijo que «el acomodamiento y la autocomplacencia, y la negativa a medirnos y compararnos» constituyen un segundo peligro.
El tercer riesgo sería el «localismo», aunque distinguió dos variedades: «uno podría denominarse vasquista y pretende tener un cierto fundamento identitario», explicó. «Se opone a la apertura al exterior pretextando defender lo nuestro. Hay quienes, por ejemplo, afirmando defender el euskera, quieren poner barreras que impidan la llegada del inglés a nuestras aulas».
El rector puntualizó que hay una segunda variante de este localismo « más sutil», y que consiste en la pretensión de limitar los estudios a lo más cercano con el fin de evitar ser sometidos a los criterios de la investigación internacional. «Pero si una investigación sobre una realidad local es de calidad debe ser interesante no sólo en Euskadi, sino para la comunidad científica internacional», recalcó.
Pérez quiso acabar, sin embargo, su discurso con un mensaje optimista. «Hay riesgos, pero también fuerzas internas de progreso», dijo. Fuerzas que llevan a la UPV «en la buena dirección», hacia la mejora continua, la apertura al exterior y la búsqueda de la excelencia.
En apoyo de ese «progreso indudable» experimentado, a su juicio, durante sus cuatro años de gestión, esgrimió algunas cifras, siempre en la perspectiva de la integración en el espacio universitario europeo: se han implantado 52 másteres, los programas de doctorado se han multiplicado por cuatro, ha crecido la llegada de estudiantes de otros lugares, 85 asignaturas se imparten ya en inglés y ocho en francés, y la cobertura del euskera ha pasado del 70% al 75%.