Atareado con '24', la serie televisiva que le ha devuelto al estrellato, Kiefer Sutherland (Londres, 1966) reaparece en la gran pantalla con 'Reflejos', nueva versión de una cinta de terror coreana en la que encarna a un guardia de seguridad que descubre monstruos tras los espejos. Hijo del veterano Donald Sutherland, el actor ha superado dos fracasos matrimoniales, su alcoholismo y 48 días en prisión.
-¿Se mira mucho en el espejo?
-Muy poco porque no me gusta. Prefiero pensar que soy como me imagino en mi mente a enfrentarme a la realidad. Creo que soy mejor de lo que veo, por eso no me gusta ponerme frente a los espejos.
-Entonces, ¿tampoco le gusta verse en el cine?
-Me horroriza. Sólo me encuentro defectos, prefiero no ver lo que he hecho.
-¿Ni siquiera cuando graba '24'?
-Con la serie es diferente, también soy el productor y necesito visionarla por si hay que cambiar cosas. Si me limitara a actuar, tampoco me vería.
-Vuelve al cine con un género que está de moda, el terror.
-Una película de terror es como subirse a una montaña rusa, justo antes de montarte te preguntas qué estás haciendo ahí y luego disfrutas mientras dura.
-En estos momentos, ¿qué es lo que más le interesa?
-Lo único que quiero es trabajar. He pasado mucho tiempo descansando por la huelga de guionistas y ahora tenemos una gran oportunidad con la serie. Hemos creado la temporada perfecta.
-'24' le cambió la vida.
-Me puso en una situación que no había vivido antes. Sabía que no podía perder. Podían pasar dos cosas: que fuera un producto muy bueno y recuperara mi carrera o que fuera tan malo que nunca nadie se diera cuenta de que existió.
-¿Cómo lleva que algo no salga como espera?
-Si el trabajo me ha motivado, me emociono y empiezo a hablar sin saber quién está delante. Ya no pierdo lo nervios, de joven sí buscaba pelea porque disfrutaba con la energía que me provocaba. Es que me sentía muy frustrado porque soy el más bajo de mi familia... Pero ahora defiendo mi posición con argumentos fuertes.
-¿Cómo se lleva con su padre?
-Hemos pasado tiempos complicados, difíciles. Adoro a mis padres, siempre me han apoyado. Su separación no fue fácil para mí, por eso intento llevarme bien con mi ex mujer, con la que ceno al menos una vez a la semana. Lo hago por nuestros hijos, quiero que lleven lo mejor posible el que no vivamos juntos. Cuando me trasladé a Nueva York, mi padre se quedó en California, y cuando yo me vine a Los Ángeles, él se fue a Nueva York y luego a París. Hemos estado la última década viviendo en distintos continentes, tiempo en el que sólo le he visto dos veces.
«Si bebes, pide un taxi»
-¿Cuál ha sido el mejor consejo que le ha dado su padre?
-Que el público no me pillara mintiendo. Quería decirme que si tenía que llorar en una escena, no forzara las lágrimas. Veo sus películas y me sorprende su calidad como intérprete. Como padre también me ha dado otros muy buenos consejos, pero no los voy a contar.
-¿Alguno de sus hijos seguirá sus pasos?
-No lo sé. La mayor es muy inteligente, es una pinchadiscos de gran éxito. La más joven quiere ser actriz y me resulta muy difícil pensar que va a formar parte de esta industria. Cada vez es más duro triunfar en esta profesión. Cuando mi padre empezó, la prensa sensacionalista no existía, y cuando yo llegué ya estaban las revistas del corazón, pero no había Internet. Hoy es insoportable el acoso de los medios, a nadie le gusta ver sus estupideces en primera página.
-¿Qué aprendió de su paso por la cárcel?
-Que puedo superar casi todo. Fue duro. Me enseñó a valorar los buenos y los malos momentos del día. Cuando estás en prisión y tienes que trabajar en la lavandería te pones a ello y te tomas tu tiempo. Es importante encontrar tu camino. Allí me encontré a mí mismo y me di cuenta de lo estúpido que fui. Si bebes, te pides un taxi, pero no te pones al volante.
-'24' fue visionaria al mostrar un presidente de EE UU negro.
-La serie sentó las bases de un cambio y nuevas ideas. Es maravilloso que hoy vivamos esa situación como una posible realidad, porque hace ocho años nadie lo hubiera pensado.