Los cuadros de Joaquín Sorolla están viviendo una de las mayores aventuras desde que fueron pintados hace casi un siglo. Catorce obras de grandes dimensiones del pintor valenciano llegaron ayer al Museo de Bellas Artes de Bilbao en dos camiones especiales que arrastran los remolques de mayor altura en el interior -3,73 metros- que circulan por Europa, y los cuatro metros que como máximo se permiten por ley en el exterior de la carcasa.
Debido a su tamaño, los lienzos entraron por una de las esquinas de la parte moderna del museo y para ello hubo que desmontar parte de la cristalera de la fachada diseñada por el arquitecto Álvaro Líbano en los años sesenta. Las obras representan la parte más importante de la exposición que desde el día 14 de octubre podrá verse en el museo bajo el título 'Visión de España'; una de las muestras estrella en el centenario de la institución.
En los movimientos de los cuadros participaron unos quince operarios, que los trasladaron con mimo desde el remolque del camión hasta una plataforma grúa que permitió izar las obras hasta el hueco abierto en la fachada del museo para que acceder al interior de la pinacoteca.
Sorolla pintó los lienzos a petición de la Hispanic Society of America, fundada por el rico financiero de Nueva York Archer Milton Huntington, que viajó por España, se enamoró del país y reunió una de las mejores colecciones de arte español y una asombrosa biblioteca sobre temas hispanos, todo ello desde finales del XIX hasta el primer tercio del XX.
Huntington apadrinó a Sorolla en un momento de su carrera en que gozaba de gran aceptación entre los coleccionistas particulares, pero sufría el desprecio de los vanguardistas, a quienes sus obras les parecían el colmo del academicismo.
El magnate estadounidense encargó los lienzos en 1911 con el fin de que captase la esencia del paisaje y las costumbres de los diversos puntos de la geografía española. Desde ese año hasta que finalizó el encargo en 1919, Sorolla se dedicó a viajar, a dibujar bocetos y a pintar, un trabajo por el que cobró 150.000 dólares, una auténtica fortuna en aquella época. El pintor valenciano se fijó en toreros, bailaores, nazarenos y pescadores de atún, entre otras figuras, a los que hizo protagonistas de sus cuadros.
La muestra, organizada por Bancaja, ha viajado desde Valencia a Sevilla y de Málaga a Bilbao. Luego seguirá su itinerancia por el Museo Nacional de Arte de Cataluña, en Barcelona y El Prado de Madrid. Probablemente será la última vez que viajen los lienzos, vistos en España por 746.000 personas. El seguro ha costado 100 millones de euros.