La voluntad de acuerdo para afrontar la actual crisis económica protagonizó ayer los discursos de todos los partidos de la oposición, salvo ANV, en las Juntas Generales de Vizcaya. «La colaboración puede lograr un proyecto de bienestar para todos», aseguró José Antonio Pastor, portavoz del PSE-EE. Los socialistas se mostraron satisfechos por el pacto alcanzado con el PNV para aprobar el presupuesto de este año, y que, en vista del tono de las intervenciones, no se descarta reeditar. «Ha sido bueno para todos los vizcaínos», dijo Pastor.
El dirigente socialista, sin embargo, puntualizó que no entregará ningún «cheque en blanco» a los nacionalistas en aquellos temas de los que no hayan sido partícipes pues «no se pueden traer todas las propuestas diseñadas para que sólo pongamos el sello».
Los principales partidos de la oposición advirtieron de que el bienestar del territorio histórico corre peligro frente a un «Gobierno vasco con superávit y déficit cero» que a su juicio no parece dispuesto a tomar medidas ante la pronta llegada de la recesión a Vizcaya. «Estamos mejor que en otras comunidades autónomas y territorios, pero la crisis llegará y afectará a la economía real», avisó Pastor. Una advertencia apoyada por el portavoz del PP, Carlos Olazabal, que insistió en el endeudamiento de los ciudadanos. «Las familias son las que más van a sufrir y la Diputación debe adelgazar como institución para poder transferirles renta», apuntó en varias ocasiones.
«Reforma fiscal»
La desconfianza hacia los organismos públicos quedó patente en el discurso de Ezker Batua, que les acusó de «hacer, a veces, lo contrario de las necesidades» y les exigió «una reforma del sistema fiscal» para lograr una mayor recaudación y un correcto reparto de la riqueza, entre otros objetivos. Para el portavoz del grupo, José Ferrera, resulta esencial diseñar «una inversión pública adecuada consensuando las prioridades entre los diferentes grupos políticos y sindicatos». Los populares mostraron su interés por dos materias concretas, las políticas de bienestar social y el mantenimiento del sector empresarial, en las que Olazabal ofreció al Gobierno foral «todo el apoyo» de su partido. «No sería comprensible un giro antisocial», constató Pastor.
Un cambio que tampoco comprendería Aralar, que apostó por un nuevo sistema de mercado ante «el fracaso del neoliberalismo» y apoyó «la creación de una entidad financiera vasca». La fusión de las cajas no fue, sin embargo, uno de los asuntos destacados en las intervenciones de los partidos, que prefirieron centrar sus discursos en las posibles soluciones a la crisis. EA defendió propuestas basadas en el impulso de las infraestructuras, la dinamización de la industria o del empleo. Los problemas de los trabajadores fueron precisamente uno de los asuntos abordados por la única apoderada de ANV en las Juntas que, junto a otras representantes de la ilegalizada formación abertzale, abandonó la sala tras mostrar pancartas a favor de la autodeterminación.