Los Carabinieri irrumpieron ayer al alba en dos chalés próximos a Castelvolturno, el pueblo cercano a Nápoles donde tuvo lugar hace dos semanas la masacre de siete personas, seis de ellas africanas. Buscaban a los autores, miembros de la Camorra que dispararon al montón con Kalashnikov en una sastrería. En una de las villas capturaron a Giovanni Letizia y Alessandro Cirillo, llamado 'o' Sergente' (el Sargento). En otra, a Oreste Spagnuolo, alias 'o' Zuoppo' (el Cojo). No se resistieron. Cirillo, que figura en la lista de los treinta delincuentes más buscados, sacó su aplomo mafioso: «Bravo, lo habéis conseguido», dijo felicitando a los agentes.
Eran casas sin mucho mobiliario, pero con televisión de plasma y DVDs porno y de acción. Por ejemplo, una de Steven Seagal con un pistolón ('El vengador', en italiano). Había muchas armas tiradas por ahí, incluidos dos Kalashnikov y pistolas como las utilizadas en la matanza. También pelucas y chalecos auténticos de la Policía. En el garaje, un Ferrari y varios coches y motos, usados en las emboscadas. En la basura, restos de langosta y prensa local, en la que ellos eran los protagonistas. Junto a Alfonso Cesarano -detenido hace una semana, aunque ya estaba en arresto domiciliario-, formaban el 'grupo de fuego' del clan de los Casalesi, el dueño de la zona de Caserta.
Eran un comando escindido, que iba por libre de forma salvaje aprovechando el vacío de poder creado por las últimas detenciones. Quería imponerse sembrando el terror. Ha dejado dieciocho muertos en los últimos meses en esta zona maldita de la carretera Domiziana, que recorre la costa de Nápoles a Roma. Las víctimas han sido arrepentidos, rivales, empresarios, vecinos que se negaban a la extorsión u otros inocentes, como parece el caso de los seis africanos del día 18. Se impone la hipótesis de que se trató de una señal indiscriminada de terror contra la población inmigrante.
La génesis de este grupo rabioso es la siguiente. Los Casalesi de Caserta, divididos en ocho clanes, han sufrido duros golpes en los últimos años en sus dos grupos principales, los Schiavone y los Bidognetti. Sus respectivos capos llevan años en prisión: Francesco Bidognetti alias 'Cicciotto 'e Mezzanotte' (Gordito el medianoche), desde 1993, y el jefe máximo, Francesco Schiavone, 'Sandokan', desde 1998. Luego han sufrido la plaga de los 'arrepentidos', como los primos de ambos. Últimamente les hacen sombra otros capos, como Michele Zagaria, de Casapesenna, y Antonio Iovine, de San Cipriano d'Aversa, aunque la operación de ayer ha comprobado que 'Sandokan' sigue llevando las riendas desde la cárcel.
Jefes en libertad
El derrumbe del clan empujó a algunos sicarios de Bidognetti a formar este grupo propio este invierno. Sin embargo, sus jefes siguen libres. Uno es Emilio di Caterino. El otro, de más peso, Giuseppe Setola, de 41 años, que en realidad estaba en prisión desde 2006. Sin embargo, cosas de Italia, en abril fue puesto en libertad vigilada por una enfermedad en un ojo y enviado a una clínica de Pavía. Desapareció, claro. Justo después la banda salvaje comenzó a actuar. Los fugados serán más difíciles de atrapar, pues circulan incluso con explosivos.
Los arrestos de ayer desmantelan el comando y son el núcleo de una gran operación que sumó, en total, 107 órdenes de captura, aunque 77 de ellas afectaban a personas ya encarceladas. También han sido secuestrados bienes por valor de cien millones de euros. La lista es esclarecedora: 48 empresas, 148 vehículos, 134 inmuebles y 13 caballos. Un ejemplo del sistema es uno de los detenidos, Mario Natale, 59 años, abogado de Casal di Principe, centro de operaciones del clan. Se le considera un testaferro de la Camorra: están a su nombre empresas bovinas, alimentarias, de basura y de construcción, así como casas, terrenos y un Ferrari 550 Maranello. Además ha sido mediador en extorsiones y presidente de equipos de fútbol, como el Albanova local y el Gladiator de Caserta. Tenía fama de devorar entrenadores.