Decidido a dejar la escritura, Joaquín se refugia en la soledad de una casona que su editor tiene en Mallorca. Allí, junto a su perro 'Argos', comenzará a descubrir que las cosas no son como parecen. No está solo y con el rumor del mar se irá sumergiendo en un mundo en el que se confunden pasado y presente, vida y muerte, imaginación y verdad.
«Hay una idea en el fondo del libro que es cómo construimos la realidad», explica Javier Argüello (La Boca, Argentina, 1972). Y en su primera novela, 'El mar de todos los muertos' (Lumen) ofrece la respuesta: «A mí me parece que escogemos algunos datos que nos vienen bien y les damos la forma que nos conviene para contar lo que queremos contar. Lo hacemos ante los demás y nos decimos quiénes somos transformando unos datos y tergiversando otros. La única diferencia es que en el libro esto es un proceso consciente».
A pesar de tener datos biográficos comunes, Javier y Joaquín no son la misma persona. «Todos los personajes tienen algo de su autor, pero Ana, por ejemplo (la chica que Joaquín conocerá en Palma), se parece más a mí que Joaquín. En ella reconozco mi sentido del humor o la manera de expresar enojo».
En la isla, al escritor se le aparece su difunta tía Blanca -«en realidad asistí al entierro de mi tía Blanca allá y de ahí surgió buena parte de la novela»- y se habla del «gen literario de su familia». Argüello es sobrino nieto del Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias. «Lo que supone un alivio a la hora de escribir», señala. «Estoy tan lejos de él, que no hay presión. Si un día le dijera a mi madre que me dan el Cervantes, me respondería: 'y qué...'».
Desahogo
«Yo no los conocí», añade. «Eran un grupo: Asturias, Neruda ..., y todas las historias que me contaron son tan cercanas que le quitan mucha idolatría. A fin de cuentas eran gente normal, mi tío era una persona que vivía, se emborrachaba y en ocasiones era tonto, como todos».
La novela le ha servido de desahogo a este enamorado del mar. «La recepción que mi libro 'Siete cuentos imposible' fue maravillosa, pero consiguió agobiarme. Todo el día me venían con el 'tenéis algo para ir pasándome'. Parecían drogadictos ante su camello».
Argüello escribe por vocación. «Aunque en ocasiones llega a cansar y entonces no queda otra que esperar a que vuelva a gustarte. Casi todo lo que puedo no hacer, no lo hago, así que si hago esto será porque no puedo evitarlo», reflexiona. Eso sí, «Nunca hay que intentar ganarse la vida con la literatura. Podrías volverte loco, nadie debería dedicarse sólo a escribir, no es saludable».