¿Se estresan los niños? ¿Por qué razones? ¿Hasta qué punto contribuyen a ello los padres? El psiquiatra Enrique Saracho abordó ayer estas cuestiones en la apertura de las jornadas sobre estrés infantil organizadas por la cooperativa Eriden, que él mismo dirige, y que aboga por la desmedicalización de la salud. ¿Su diagnóstico? «Los niños de hoy en día están sobrecargados». ¿El tratamiento? «Dejar que se aburran».
-Muchos adultos siguen sin creer que los niños puedan padecer estrés. Convenza a los escépticos.
-Los adultos tenemos una idea equivocada de la infancia. Pensamos que es una etapa inocente, dulce y maravillosa. Sin embargo, los niños están permanentemente confrontados a cambios. Y, mientras que su capacidad para manejar esos cambios y esas ansiedades es menor que la que tienen los adultos, su capacidad para percibir la ansiedad es mayor. De ahí que, si tienen a su lado a alguien con estrés, lo absorban.
-¿Y son, o no, conscientes de ello?
-No. El niño maneja el estrés a través de la conducta. Habla con actos, actúa. Y lo hace a través de cambios en su comportamiento.
-¿Como por ejemplo?
-Unos pueden pasar de controlar a no controlar sus esfínteres; otros, de comer o dormir bien a no hacerlo. Y otros, a mostrarse irritables o apáticos.
-Llegados a este punto, ¿en qué momento deben saltar las alarmas?
-En el momento en que los padres aprecien un giro brusco en el comportamiento del niño, hacia la hiperactividad o la apatía. Cuando, dentro de su trayectoria, se aprecia una situación de cambio.
-¿Qué hace que un pequeño llegue hasta ese extremo?
-Al estar en permanente cambio, los niños necesitan a su alrededor una situación de seguridad y de estabilidad. La inestabilidad ya les viene de serie, de ahí que los cambios y conflictos en su entorno -que a nosotros nos pueden parecer intrascendentes- conecten con facilidad con sus cambios internos y se genere así una situación de estrés.
-Con la vuelta al 'cole', las actividades extraescolares de los niños se multiplican. ¿Hasta qué punto son beneficiosas para el pequeño?
-Los niños están sobrecargados. Por un lado, los padres queremos que nuestros hijos hagan lo que nosotros no pudimos hacer y, por otro, vivimos en una sociedad muy competitiva, en la que el rendimiento se mide en éxitos. No basta con que el niño haga deporte para que se entretenga o se divierta. Tiene que destacar. Los pequeños captan enseguida esas expectativas que depositamos en ellos y las asumen como obligaciones. Y eso no es bueno. Es muy sano que los niños se aburran, que pierdan el tiempo porque, cuando eso ocurre, juegan, se entretienen, crean, se inventan cosas.
Criterio de realidad
-Pero también es bueno que jueguen al fútbol o que aprendan inglés.
-Sí, pero hay que fijar unos tiempos y reservar momentos vacíos de actividad. Los niños no tienen un criterio de realidad. Creen que lo pueden hacer todo, por eso es el adulto el que tiene que marcar ese criterio y darle la posibilidad de elegir.
-Consensuar y no imponer. ¿Ahí está la clave?
-Sí. Y hacerlo en función de las propias motivaciones del pequeño. Nosotros le podemos plantear un abanico de posibilidades, pero no darle las decisiones terminadas.
-¿Hasta qué punto el problema de sobrecargar a los hijos puede deberse a que los padres no tienen tiempo suficiente para estar con ellos?
-La logística de una familia es hoy muy complicada. Tanto que casi hay que hacer encaje de bolillos para organizar la semana. Muchos padres llegan a creer que no atienden bien a sus hijos porque no disponen de tiempo. Pero no es una cuestión de cantidad, sino de calidad. Cuando un niño necesita atención, la reclama y es entonces cuando debe disponer de alguien que le ayude a comprender su tensión o a manejar su angustia. Pero no hace falta estar permanentemente con ellos para hacer un seguimiento o para saber por dónde va tu hijo y lo que le está pasando.