«Se mueve muchísimo dinero en el mundo del arte, pero los artistas no lo ven», se queja Damien Hirst, que a sus 43 años se ha convertido en el artista vivo de más éxito. Este británico acostumbrado a romper moldes, vuelve a hacerlo con la subasta esta tarde y mañana en Londres de sus obras más recientes. El espectáculo que se vivirá en Sotheby's marcará un antes y un después en el mundo del arte, no sólo porque es una de las mayores ventas que esta institución ha organizado hasta la fecha, sino porque es la primera vez que una de las grandes casas de subastas ofrece al público obras 'recién salidas del horno'.
Por lo general las galerías son las que venden las obras de los artistas, a quienes promocionan a través de exposiciones; a cambio se quedan con el 40 o 50 % de la transacción. Desde su fundación, en 1744, Sotheby's había respetado un acuerdo no escrito que marcaba que las casas de subasta vendiesen obras que tuviesen como mínimo cinco años de antigüedad. Pero como éstas se alimentan cada vez más de arte contemporáneo, los marchantes se han visto obligados a aceptar que el mínimo se reduzca a dos años. Desde hoy estas normas son cosa del pasado.
Al parecer fue Sotheby's la que dio el primer paso, no Damien Hirst. Y aunque es ya archiconocido por sus excentricidades, no es el primero en dar un portazo a sus marchantes. Ya lo hizo Picasso, que los veía como «enemigos». Aun así, la apuesta es arriesgada y el británico reconoce haber tenido pesadillas en las que nadie puja por sus obras. Sotheby's, sin embargo, espera vender los 223 lotes por 82 millones de euros.
'El becerro de oro'
Hirst tiene tantos admiradores como detractores. Éstos lo consideran «la personificación de la comercialización del arte». Pero el artista se defiende diciendo que «Warhol, Goya, Rembrandt y Velázquez pensaban también en el aspecto comercial».
También se le critica por contar con un gran equipo humano a sus espaldas. Tiene seis estudios repartidos entre Londres, Devon y Gloucestershire, donde se ha trabajado a contrarreloj para producir todas las obras de esta colección que ha bautizado 'Beautiful Inside My Head Forever' (Bello en mi cabeza para siempre). «Prada no confecciona su propia ropa, Frank Gehry no construye sus edificios y nadie los critica», se queja una vez más Hirst.
Las piezas a la venta son nuevas, pero se trata de variaciones de obras anteriores: más mariposas, con las que conforma cuadros que parecen vitrales de catedrales; más calaveras, aunque ninguna tan espectacular como la chapada en diamantes que puso a la venta el año pasado por la suma récord de 63 millones de euros; más cuadros hechos de moscas disecadas; y más animales -incluidos varios tiburones- en vitrinas llenas de formol. La pieza más cara es 'El becerro de oro', por sus pezuñas y cuernos dorados, cuyo valor está estimado entre 10 y 15 millones de euros.