Hace más de una semana, aprovechando la reunión que mantuvieron en Sabin Etxea para tratar de canalizar el recurso a Europa, Iñigo Urkullu emplazó en tono informal a Unai Ziarreta a fijar una cita para estudiar la posibilidad de acudir en coalición a las urnas el próximo marzo. Pese a los constantes rifirrafes, públicos y notorios, que los dos partidos han mantenido durante el verano a raíz de la estrategia a seguir con la consulta, la ejecutiva del PNV sigue defendiendo el acuerdo electoral con EA, en teoría, porque es su aliado «natural» y, en la práctica, porque ambos partidos son plenamente conscientes de que, con el aliento en la nuca del PSE, sumar sus fuerzas se antoja imprescindible para obtener un escaño más que los socialistas y estar así en condiciones de gobernar cuatro años más.
No obstante, fuentes próximas a la dirección de EA consultadas por este periódico se inclinan por aplazar las conversaciones al menos hasta noviembre, una vez que se vaya sosegando la campaña de respuesta al fallo del Constitucional y, sobre todo, una vez que se aclare si la izquierda abertzale podrá estar presente en las urnas con una 'lista blanca', que, según las especulaciones que alimentan los corrillos políticos vascos, podría encabezar el antiguo líder de LAB Rafa Díez, con el concurso también de José Elorrieta, a punto de dejar la secretaría general de ELA.
El partido de Ziarreta no oculta que su prioridad es resucitar la acumulación de fuerzas soberanistas y tampoco que desconfía de la «deriva» del PNV, al que reprocha no haber empujado lo suficiente en favor de la consulta. «Sólo estaremos en una alianza que sirva para nuestros objetivos políticos», recalca. Además de eso, la irrupción de una candidatura radical imposibilitaría en principio la mayoría absoluta del hipotético cuatripartito que PNV, EA, EB y Aralar podrían formar tras los comicios. Aunque en teoría la asamblea de Eusko Alkartasuna zanjó el debate en enero de 2007 con su decisión de concurrir en solitario, la formación de Ziarreta deja abiertas a día de hoy todas las opciones.
Las largas de este partido a Urkullu se explican también por la incógnita sobre la candidatura de Ibarretxe, el principal valedor de la coalición, que no se ha cansado de reiterar en las últimas semanas que se siente «orgulloso» de haber encabezado el cartel de PNV-EA en dos ocasiones. Los medios consultados creen que el visto bueno a la alianza será vital para que el lehendakari acepte repetir como candidato. La presión de Ibarretxe y la tentación de hacer de la necesidad virtud para no perder el poder abonan el terreno al acuerdo.