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ÁLAVA

Salinas de Añana recreó ayer el traslado del preciado condimento de los terrazos a los almacenes para su secado definitivo
14.09.08 -

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La sal se muda del valle
Niños y mayores se mojaron los pies en el pediluvio del valle. / JOSÉ MONTES
En Salinas de Añana todos los vecinos arriman el hombro cuando se trata de promocionar o de ayudar a mantener el Valle Salado. Y, ayer, no iba a ser una excepción. Se celebraba la Fiesta del Entroje -que recrea el antiguo traslado de la sal desde los terrazos hasta los almacenes del pueblo para su secado definitivo- y vecinos y voluntarios, más de un centenar, se enfundaron el traje de salineros para repartir, casa a casa, más de 300 sacos de su cotizado producto.
Fue, eso sí, un entroje simbólico, muy diferente al que se hacía años atrás cuando el traslado desde las salinas más alejadas se hacía utilizando carros tirados con bueyes, que aprovechaban el curso del río para adentrarse a través del Valle Salado. Ayer no hubo ni carros, ni bueyes. Ni siquiera sacos de sal.
Y es que la Fiesta del Entroje -que ayer se celebró en Salinas de Añana por segundo año consecutivo- no es más que un homenaje a esos casi 200 voluntarios que, a lo largo de todo el verano, han ido elaborando miles de kilos de sal gracias al programa de visitas guiadas que se desarrolla en el valle. El preciado condimento, por tanto, ya estaba elaborado y recogido. Sólo faltaba repartirlo entre voluntarios y vecinos en un signo de deferencia a los salineros por su legado.
Sin embargo, y pese a que los sacos de sal reposaban desde el mediodía en la plaza, a la espera de ser trasladados a los almecenes familiares del pueblo para su secado definitivo, vecinos, voluntarios y salineros no dejaron escapar la oportunidad de recrear el antiguo entroje desde el valle hasta el pueblo.
Ternera asada
Emplearon para ello grandes sacos rellenos de ropa o cartones para evitar el peso y, acompañados por la música de la trikitixa, recorrieron el camino que separa el valle de la plaza del Ayuntamiento. Justo allí se reunían después para comer.
Y también para cenar. Porque los vecinos de Salinas de Añana tampoco se olvidaron de recordar ayer la leyenda que apunta que fue una vaca la que descubrió el manatial de agua salada que surte la muera necesaria para la producción de la sal. Fantasía o realidad, en Salinas no faltó ayer media ternera asada para cenar y poner así el broche de oro a la tradicional Fiesta del Entroje.
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