Acceder a una vivienda en Bilbao es una misión harto complicada, aunque el sector ofrece algunos datos alentadores. En los dos últimos años, 3.100 pisos que estaban vacíos pese a la gran demanda existente- casi un tercio de los que se encontraban en esa situación- han salido al mercado. En parte, por las políticas institucionales de apoyo al alquiler, que incluyen desgravaciones fiscales y garantías a los propietarios sobre la conservación del inmueble; en parte, porque la crisis económica fomenta la búsqueda de ingresos adicionales y porque el parón del 'ladrillo' ha dejado de revalorizarlo y hace que cada vez sea menos rentable tener propiedades desocupadas.
Según datos del Gobierno vasco, la capital vizcaína tenía en 2005 más de 10.000 pisos que no habían sido utilizados por ninguna persona durante, al menos, doce meses seguidos. La cifra se había reducido a algo más de 7.000 dos años después, revela un informe del Departamento de Vivienda.
Esta evolución es el reflejo de dos realidades. La estabilización del precio de las casas de segunda mano y la incertidumbre que provoca la crisis invitan a numerosos propietarios a plantearse qué hacer con sus pisos, una vez frenado en seco el 'boom' inmobiliario que los revalorizaba día a día, lo que los hacía rentables aunque estuviesen desocupados. Hay otra lectura más positiva: una cuarta parte de los 3.135 inmuebles recuperados durante ese periodo -793- han sido captados para el alquiler por el Ayuntamiento de Bilbao a través de la Sociedad Viviendas Municipales y el programa Bizigune. Con esta iniciativa, se asegura al dueño el cobro del alquiler, cuyo máximo ronda los 600 euros mensuales, mientras el inquilino paga una renta protegida que nunca supera el 30% de sus ingresos mensuales.
La inmensa mayoría de estos pisos se encuentran habitados en estos momentos, a excepción de unos 70 repartidos por toda la ciudad. «El programa está demostrando que es efectivo», asegura la concejala de Urbanismo y presidenta de Viviendas Municipales, Julia Madrazo. La iniciativa -subraya- permite sacar al mercado vivienda de forma rápida «para su alquiler» y, al mismo tiempo, «incentivar al propietario para que no la tenga durante mucho tiempo desocupada».
Las inmobiliarias vizcaínas no comparten, sin embargo, el optimismo de la edil. «Creemos que es un porcentaje bajo el que oferta Bizigune si se tiene en cuenta el total de vivienda vacía existente», asegura Iñaki Egurrola, presidente del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Vizcaya. En su opinión, las condiciones que se exigen a los dueños -por ejemplo, que la casa se encuentre totalmente vacía para poder arrendarla-«les echan para atrás. Creemos que no se llega a los propietarios».
Por el contrario, Roberto Cacho, director de Bizigune, asegura que la idea principal del programa es la captación de pisos «realmente vacíos y con vocación de seguir estándolo a largo plazo para poder sacarlos al mercado protegido». Su objetivo no es por tanto «entrar en el apartado de alquiler que pueda existir, sino captar aquellas viviendas que no se ofertan y que pueden entrar en este mercado. Si las inmobiliarias fueran capaces de movilizar todas los pisos vacíos, nosotros no tendríamos sentido. En ningún momento queremos entrar en su trabajo», añade.
«Reprobación social»
El responsable del programa asegura que «antes, los pisos, aún estando vacíos, conseguían una revalorización de un 10% al año. Ahora, ya no es rentable una vivienda sin ocupar y la opción es vender o alquilar», explica. Pero deshacerse de una propiedad no resulta fácil debido al parón de los créditos, por lo que el alquiler se está convirtiendo en una alternativa. «Aún así, la oferta de pisos para arrendar sigue siendo muy escasa en Bilbao», insisten las inmobiliarias.
Julia Madrazo señala, además, el cambio de hábitos que se está dando en la sociedad actual para explicar la recuperación de estos más de 3.000 pisos. «Antes era fácil disponer de una vivienda o dos, porque incluso Hacienda te desgravaba por la compra de la segunda. Existía otro concepto cultural, que no tiene nada que ver con el de ahora. Poseer una vivienda vacía provoca cierta reprobación social», concluye.