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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

Vizcaya

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La estructura centenaria cambia sus viejas ruedas de acero por otras plásticas de última generación

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El desgaste del Puente Colgante es, desde hace mucho tiempo, una obsesión para sus gestores. Ser uno de los pocos servicios de transporte que funciona las 24 horas del día, los 365 días del año, es todo un orgullo para una estructura con 115 años de historia, pero también le exige un esfuerzo difícil de sobrellevar. Para darle un respiro, la empresa Transbordador de Vizcaya ha hecho todo lo posible por quitarle peso. Y lo ha conseguido gracias a la renovación del carro que desliza la barquilla entre ambas orillas. La estructura ha perdido una tonelada tras la intervención a la que se le ha sometido desde el pasado enero.
Puede parecer poco en un monumento que pesa más de 730.000 kilogramos, pero los efectos han sido evidentes: la fricción sobre los carriles del travesaño horizontal ha descendido notablemente y, al mismo tiempo, buena parte de los ruidos tan molestos para usuarios y residentes.
El presidente de la compañía, José Martín Uriarte, explica que, además de reacondicionar los 14 motores del carro, se han cambiado 72 rodamientos, cuatro reductoras, decenas de amortiguadores y cientos de pasadores, tornillos y grapas. El protagonismo de la mejora, en cualquier caso, recae sobre 24 de sus 36 ruedas de pesado acero, sustituidas por otras más ligeras.
Durante dos años, los responsables del puente han realizado estudios científicos y pruebas con distintos materiales hasta decantarse por el Nylatrón, un compuesto plástico de «altas prestaciones». «Sufre mucho menos las dilataciones y soporta mejor las condiciones meteorológicas extremas», reconoce el director de relaciones institucionales del transbordador, José Antonio Dolara.
Evitar averías
Con esta innovación, la compañía obtiene mayores garantías de que no volverán a repetirse averías como las de finales de junio. En dos ocasiones, separadas por apenas 24 horas, otros tantos rodamientos se resquebrajaron paralizando la barquilla antes de que llegase al muelle. En ambos casos el incidente se produjo en medio de un intenso calor y con 150 personas a bordo.
Al margen de las características técnicas, la pérdida de kilos ha sido fundamental en la mejora de las prestaciones del carro. «Cada rueda pesa ahora 21 kilos, menos de la mitad que las viejas de acero», asegura el responsable del puente. No acaba ahí la cosa. Al ser el nuevo material más blando que el del raíl, elaborado a partir de un compuesto de hierro y manganeso, «son los discos los que se desgastan y no al revés». «Son las ventajas que ofrece la tecnología y que, hace apenas 10 años, no existían», se congratula.
Claro que la duración de estas piezas es menor, «pero su gran ductilidad y facilidad de manejo las hacen idóneas para el puente». Otra pega es que, de momento, hay que mantener los 12 rodamientos de acero sobre los que los motores del carro ejercen la tracción principal. El objetivo es sustituirlos también «en breve», pero «sus características especiales nos exigen realizar todavía más pruebas, análisis y cálculos».
Piezas artesanales
El cambio, en cualquier caso, ha supuesto una mejora inesperada: se ha reducido sensiblemente la contaminación acústica que generaba el continuo trasiego de la barquilla entre ambas orillas de la ría. «Las nuevas ruedas discurren con más suavidad por el carril».
Su construcción se adapta como un guante a la centenaria estructura, «ya que las ruedas se han elaborado exclusivamente para el carro y, además, de forma artesanal, igual que todas las piezas que utilizamos en el puente». Su colocación a 50 metros de altura sobre el agua ha exigido un gran esfuerzo al equipo de mantenimiento, obligado a trabajar gran parte de las noches de agosto para perjudicar lo menos posible a los usuarios. El presupuesto de la reforma ha superado los 60.000 euros.
La actuación del Puente Colgante no ha pasado desapercibida para los expertos. El fabricante de las ruedas seguirá de cerca su efectividad a lo largo del tiempo. «Analizará su comportamiento porque esta construcción constituye un campo de estudio muy singular al confluir características técnicas y condiciones meteorológicas especiales; en definitiva, que puede ser un banco de pruebas incomparable para garantizar el equipamiento de otras instalaciones no tan complejas y de mantenimiento más simple», enfatiza José Antonio Dolara.
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