El Departamento vasco de Educación ha reanudado esta semana los contactos con diversos agentes del sector en busca del «máximo consenso» posible en torno a su propuesta de reforma de ley para eliminar los modelos lingüísticos en la enseñanza. La polémica normativa, abanderada por EA, es cuestionada incluso por sus socios del PNV, que exigen cambios más moderados, y no cuenta con un nivel de apoyo suficiente ni en el propio Gobierno vasco ni en el Parlamento, lo que amenaza su aprobación en la presente legislatura, que finalizará la próxima primavera. La consejería de Tontxu Campos ha mostrado su intención de iniciar la ronda de conversaciones con colectivos que han participado en la elaboración del proyecto, como la patronal de los colegios religiosas Kristau Eskola, la federación de ikastolas y diversos colectivos de padres. Sindicatos y oposición han sido relegados a un segundo plano y aún no han sido siquiera convocados a los contactos.
La reforma lingüística planeada por EA convierte el euskera en la lengua vehicular de la enseñanza y supone, en la práctica, la desaparición del castellano de las aulas. Como anticipó EL CORREO, el anteproyecto que maneja Educación obliga a los colegios a impartir al menos el 60% de las asignaturas en lengua vasca, mientras que el idioma -oficial o extranjero- del 40% restante se deja a elección del centro. Se trata, sin embargo, de una autonomía relativa, dado que los colegios serán examinados por el nivel de euskera de sus alumnos, de manera que en aquéllos donde no se alcancen los mínimos exigidos será necesario aumentar el número de horas de clase en este lengua. La norma supone la desaparición del actual sistema de modelos (A, B y D) con el que se ha educado toda una generación.
La consejería es «consciente», según un portavoz, de que corre contra el reloj, pero confía en que la ley -su proyecto estrella- pueda ser aprobada en el Parlamento vasco en los apenas seis meses que restan de legislatura. El departamento debe pactar aún su contenido con el PNV, que ha puesto serias objeciones al texto y pretende rebajar su nivel de exigencia para evitar que una polémica sobre la euskaldunización de la enseñanza en plena precampaña electoral se convierta en un lastre en unos comicios que se prevén muy reñidos. Aunque los socios en el Gobierno vasco pacten el proyecto, necesitarán el apoyo de otro grupo para sacarlo adelante en la Cámara de Vitoria.
El PSE y el PP se han mostrado abiertamente en contra de avalar la política de Campos porque supone «eliminar» el castellano de las aulas.
En manos de EHAK
Salvo avances en la negociación con los socialistas -que aún no se ha iniciado más allá de contactos informales, indicaron fuentes del PSE-, el tripartito sólo podrá recurrir, en su caso, a los votos de EHAK para aprobar la reforma. Aunque los parlamentarios de la izquierda abertzale no se han pronunciado al respecto, medios nacionalistas son reacios a un acuerdo de ese tipo en una reforma de tanto calado.
Educación tiene previsto reunirse en las próximas semanas con la oposición y con los sindicatos. «Todavía estamos a la espera. No conocemos ni el borrador de reforma, pese a que somos los principales afectados», coincidieron ayer portavoces de CC OO y UGT, que mostraron abiertamente su malestar.