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Política

31.08.08 -

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Entre saludos y abrazos, Arnaldo Otegi (Elgoibar, 1958) no pudo evitar pensar que tiene cuatro causas pendientes que le podrían llevar de nuevo a prisión. «A ver cuánto duramos fuera», ironizó en una conversación coloquial con los congregados a las puertas de Martutene.
En la causa más grave, se investiga la financiación de Batasuna a través de las herriko tabernas, lo que ya ha provocado el procesamiento de 40 miembros de la formación ilegalizada. En otra de ellas, está imputado por desobediencia a la orden del Supremo de suspensión de actividades de Batasuna, tras sus reuniones con Ibarretxe, y los socialistas Patxi López y Rodolfo Ares, los tres también imputados en el mismo caso.
Otegi abandonó ayer la cárcel poco antes de las 7.30 horas, después de que entraran a su encuentro su mujer, el hijo mayor, que lucía una camiseta con el lema 'Solidaridad gorria', sus padres y la abogada Jone Goirizelaia. Fuera le esperaban representantes de la izquierda abertzale de ayer y, los menos, de hoy -la mesa nacional está en la cárcel-. En este recorrido por caras conocidas del abertzalismo, le recibieron Txomin Ziluaga, Tasio Erkizia, José Luis Elkoro, que casi no llega a tiempo; el ex líder de LAB Rafa Díez, cómodo en pantalones cortos y visiblemente emocionado; y Julen Aginako, entre otros. También asistieron el portavoz de Gestoras, Juan María Olano, Antton Morcillo, Rakel Peña, Arantza Urkaregi y Josetxo Bazeta. Uno de los primeros en saludar a Otegi fue el músico Fermín Muguruza.
El ex preso, que había sido condenado por participar en un homenaje al dirigente de ETA 'Argala', vestía camisa blanca por fuera del pantalón vaquero y calzaba sandalias negras. En su oreja izquierda lucía su tradicional pequeño pendiente. El ex líder de la ilegalizada Batasuna, que ha estudiado inglés durante su reclusión, llevaba enrollado en las manos un folleto para turistas titulado 'You are in the Basque Country' -'Está usted en Euskal Herria'-. Se lo entregó un seguidor que dijo concentrarse periódicamente en las afueras de la cárcel de Martutene para dar ánimos a los reclusos.
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