Hace cinco años que terminó de levantarse el polideportivo y en Casas de Fernando Alonso (que no está en Asturias, sino en Cuenca, a poco menos de 50 kilómetros de Albacete capital) aún mantienen la esperanza de que el asturiano se deje caer por allí. Tienen la ilusión de que el piloto de la escudería Renault vaya a inaugurar en persona el polideportivo que lleva su nombre y, de paso, pruebe el vino Teatinos (el primer pueblo fue construido en el solar del convento de los frailes Teatinos por un tal Fernando Alonso), de la Denominación de Origen Ribera del Júcar.
¿Que quieren aprovechar el tirón? Bueno. Pero, ¿qué culpa tienen de que la localidad lleve el nombre del bicampeón de Fórmula 1? «Es verdad que nos está promocionando por todo el mundo, pero se nos agota la paciencia, así que si algún otro piloto se presenta aquí, ya sea Lewis Hamilton o Kimi Raikkonen, le pondremos su nombre. Mientras, tendrá que quedarse como Pabellón de los Teatinos», advierte María Teresa Paños, alcaldesa de Casas de Fernando Alonso. Exagera un poco la mujer. En el letrero que da bienvenida al pueblo, una pintada con 'spray' completa la leyenda. «Campeón», dice, y nadie la ha borrado. De hecho, cada domingo que se celebra un gran premio de Fórmula 1, el pueblo se queda desierto. Los vecinos se sientan ante el televisor para ver las evoluciones de su tocayo, que incluso tiene una peña allí.
Del pueblo Fernando Alonso vamos a otros que van decreciendo de categoría en el topónimo. Las Casicas, en Murcia, se llama así por las cuevas que antes servían de morada a los vecinos. El paraje de Las Casicas se encuentra en medio de un entorno agreste y reseco. El hecho de que antiguamente los vecinos pasaran temporadas de trabajo en Castilla en labores como la siega de cereal fue determinante para que sus costumbres culinarias quedaran influidas por las manchegas. En este paraje murciano se puede tomar un buen gazpacho manchego, al que se le puede añadir arroz con conejo y caracoles, además de las tortas de pan ácimo.
Luego tenemos una pintoresca aldea entre Valladolid y Toledo, Casillas, que podría serlo, pero no, no es la del portero de la selección española de fútbol, Iker Casillas. En ella sobresalen los bosques de pinos, castaños y nogales que la rodean. Y si la aldea no tiene pabellón polideportivo es por falta de presupuesto, y de gentes. Allí no esperan a nadie, se limitan a ver marchar a muchos a lugares más prósperos.