Cada vez que salían a escena, el público fruncía el ceño. Incluso los espectadores chinos mostraban su sorpresa en voz baja: «¡Pero si son unas crías!». Enfundadas en sus mallots rojos decorados con barrocos dorados, las gimnastas chinas no engañaron a nadie. Aunque todavía no se ha probado oficialmente, y quizá no se haga nunca, en este caso las apariencias no engañaban: He Kexin, Jiang Jueyuan y Yang Yilin no tienen la edad mínima exigida por el COI para competir. Este periodista ha encontrado en la prensa china pruebas de que así ha sido, al menos en el caso de Kexin. La mayoría de pruebas han sido borradas, pero algunas se han pasado por alto.
El 5 de noviembre de 2007, el diario local 'Shenghuo Bao' publicó una noticia en la que hablaba de He Kexin antes de una prueba. El periódico señala que la gimnasta tenía entonces 13 años. En la publicación más reciente, el 22 de enero de este año, otro diario, 'Fazhi Wanbao' vuelve a mencionar a Kexin, y sigue dando como referencia la edad de 13 años. Además, el 3 de noviembre de 2007, tanto el periódico oficial 'Renmin Ribao' como la agencia de noticias de referencia en China, Xinhua, mencionan la misma fecha de nacimiento en el comentario sobre la actuación de la gimnasta, a la que se refieren como «gran promesa». Por lo tanto, durante los Juegos, Kexin habría tenido 14 años, dos menos del mínimo establecido. Pero la fecha de nacimiento de su pasaporte asegura que nació en 1992, lo cual lleva a pensar que el propio Gobierno está involucrado en el fraude. Muchos chinos piensan que no es la primera vez.
Promesas incumplidas
Desafortunadamente, el escándalo de la gimnasia artística es sólo la punta del iceberg. Pekín 2008 ha estado plagado de mentiras y medias verdades. Sobre todo, de promesas incumplidas. La primera se destapó antes de que se encendiera el pebetero: la libertad de prensa y el acceso a un Internet sin censura eran, simplemente, una falacia. Ni siquiera los periodistas acreditados han podido abrir en Pekín páginas controvertidas, y el caso de un periodista británico, que fue golpeado y detenido cuando trataba de fotografiar una manifestación de tibetanos, dejó bien claro que informar en China es un riesgo, incluso durante los Juegos. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras han tratado de emitir a través de radios clandestinas, pero sus intentos han tenido pobres resultados. Habrá que ver si ahora las autoridades vuelven a echar el cierre de páginas que antes de los Juegos estaban vetadas.
Poco después, la ceremonia de inauguración del reputado director de cine Zhang Yimou dejó con la boca abierta a los 4.000 millones de espectadores que la siguieron por televisión o Internet. Pero el espectáculo tuvo truco. Al día siguiente la prensa china descubrió a la niña que hizo playback, además de la destreza de varios informáticos para crear unos fuegos artificiales irreales durante el acto inicial. Para darle mayor realismo, imitaron incluso la neblina de Pekín, mezcla de humedad, calor, y polución. Demasiado perfecto para ser verdad.
Sin libertad
Los organizadores de los Juegos prometieron al COI que también se respetaría la libertad de expresión. Para ello habilitaron tres parques que no han visto más que ejercicios de tai-chi. Y no porque nadie haya querido protestar, sino porque las peticiones, entre 70 y 150 según las fuentes, han sido denegadas una detrás de otra. Hasta el punto de que, el diario 'New York Times' descubrió la historia de dos ancianas, de más de 70 años, que han sido sentenciadas a un año de «reeducación» en un campo de trabajo por tratar de obtener el permiso necesario para manifestarse. En su caso, por el descontento creado por la política de reubicación de los barrios reformados. Es una incógnita si finalmente estas dos mujeres, una de ellas medio ciega y ambas impedidas físicamente, terminarán siendo enviadas al interior del país, aunque ya casi nadie duda de que así vaya a ser. Es un castigo que la Policía puede imponer sin necesidad de juicio alguno.
Además, antes y durante los Juegos, importantes activistas han sido detenidos con diversas excusas. Algunos, según denuncia Amnistía Internacional y corroboran entrevistas emitidas por la BBC, han sido incluso torturados, y es probable que su situación empeore una vez hayan terminado los Juegos Paralímpicos. Las organizaciones de Derechos Humanos temen que, entonces, la apertura de China se confirme como un espejismo temporal que se desvanecerá tan rápido como surgió.
Uno de los tres lemas de Pekín 2008 ha sido 'la Olimpiada del pueblo'. Sin embargo, el ciudadano de a pie ha tenido escaso acceso al evento. En aras de la seguridad, todas las instalaciones olímpicas han permanecidos cerradas a quienes no tuvieran entrada o estuvieran acreditados, lo cual ha creado tensiones, sobre todo entre quienes deseaban fotografiarse junto a las maravillas arquitectónicas erigidas para la ocasión.
El gobierno chino también anunció que no habría reventa, y que las entradas tendrían el nombre de su propietario impreso en ellas. Ninguna de las dos cosas se ha cumplido, y se han podido encontrar tickets para casi todas las pruebas. Eso sí, a precios que han oscilado entre cinco y veinte veces el del papel. Y eso sin tener en cuenta las ceremonias de inauguración y clausura, por las que se ha llegado a pagar entre 5.000 y 20.000 euros.
Y, finalmente, Pekín 2008 no ha cumplido con la promesa de mantener su presupuesto por debajo del de su predecesora. Según las cifras oficiales, los Juegos chinos han costado alrededor de 3.000 millones de euros más que los de Atenas 2004, aunque esa cifra se multiplica por diez si se tienen en cuenta los factores colaterales de la Olimpiada.
Eso sí, no se puede negar que las autoridades se han esforzado en conseguir el cielo azul que habían prometido. Y lo han logrado en cuatro ocasiones, aunque durante todos los Juegos los niveles de contaminación no han alcanzado, en ningún momento, el nivel 'alto'. Junto a la gran actuación de los atletas, es una de las pocas luces de una gigantesca operación repleta de sombras.