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24.08.08 -

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M e invade el coraje al ver que en pleno siglo XXI en España, y especialmente en el País Vasco, aún no hay libertad, no la hay porque hay personas que no pueden expresar sus ideas, que viven con miedo, que temen que les asesinen, que temen ser secuestrados, que están amenazados, que sufren la extorsión... La violencia y el dolor son el medio que utilizan aquéllos a los que les falta la razón, los que carecen de argumentos, aquéllos a los que su pobreza intelectual no les permite defender de otra forma sus ideas: los cobardes de la banda terrorista ETA.
Pero que tengan por seguro que frente a ellos siempre se alzarán las voces de la paz, la libertad y la democracia, por boca de millones de ciudadanos del País Vasco (una tierra que basta visitar para darse cuenta uno de que está llena de buena gente y son tan sólo una minoría los que la intentan enturbiar), de España y de todas partes del mundo. Pero especialmente las de los jóvenes, los que con firmeza siempre han propiciado el cambio, los que siempre han tenido una convicción democrática inquebrantable, basta echar la vista 40 años atrás cuando los estudiantes y demás jóvenes españoles luchaban contra los otros grandes males recientes del pueblo español, los dirigentes de una dictadura contra los ciudadanos de España, aquéllos contra los que ETA decía luchar y de los que tanto ha copiado.
Hemos de ser, por tanto, también ahora los jóvenes los que lideremos el frente antiterrorista, los que repudiemos a los violentos y a los no menos culpables que les justifican, los que demostremos que los españoles nos podemos entender y respetar desde nuestras diferentes ideas, los que hartos ya de tanto sufrimiento les dejemos claro que no van a ganar, porque por cada disparo, por cada bomba, alzaremos nuestras voces por millones y, porque para callarnos tendrían que matarnos a todos, ya que mientras quede uno solo de nosotros habrá alguien dispuesto a hacerles frente para defender la paz. Los que en cada barrio, en cada universidad, en cada cafetería, en todos los lugares, rechacemos los planteamientos intolerantes y animemos a quienes los mantienen a subirse al tren de la democracia, a defender sus ideas respetando las de los demás, a entender que podemos convivir en paz, pero que para ello es necesario respetar la libertad de todos.
Nadie, nadie, se puede creer con derecho a asesinar a un padre, a una hermana, a un hijo, a un amigo, a una novia... a truncar un proyecto de vida, porque simplemente no comparte sus ideas, eso lo han hecho Franco, Hitler o Mussolini, y todos quienes les apoyaron, a los que la historia ya juzgó, tal y como hará con todos los que no permiten vivir a los ciudadanos vascos y del resto de España en libertad. Pero no sólo a los que aprietan el gatillo o colocan las bombas para segar vidas inocentes, sino a todos aquellos cobardes e igualmente responsables que les defienden, apoyan y les sirven de sustento social, cuya falta de valentía les impide desmarcarse del terror para apostar por la fuerza de la palabra. Llegará el día en que todos ellos tengan que explicar con suma humillación a sus hijos y nietos de qué lado estaban ellos, del de los asesinos, los torturadores y los extorsionadores, o del de la paz y la democracia.
Insisto por ello, una vez más, en que hemos de ser los jóvenes, y especialmente los jóvenes vascos, con el apoyo de toda España, los que no nos conformamos con rechazar puntualmente el terrorismo, con defender puntualmente la paz, sino los que día tras día, en todas partes, dejemos bien clara la diferencia entre los que defienden sus ideas y los que las imponen, los que matan al que se expresa libremente y los que están dispuestos a morir para que todos lo puedan hacer, los que arrinconemos en el más repudiado y vergonzoso lugar de la sociedad a los asesinos y fascistas de ETA y su entorno, porque pronto desaparecerán, serán vencidos y cabizbajos tendrán que rendir cuentas ante la justicia y ante lo que es más importante: la historia. Suya será la mayor de las vergüenzas.
A nuestros padres les tocó luchar contra la dictadura, a nosotros nos ha tocado combatir el terrorismo con todas nuestras fuerzas y no debemos perder ninguna oportunidad para ello.
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