El viejo Museo de Arqueología celebró ayer su última actividad antes de ser trasladado al nuevo edificio, situado junto al Palacio de Bendaña. 'Del trazo a la memoria' fue el título de este taller enmarcada dentro de la semana cultural sobre la antigua Persia y el Irán contemporáneo -'La puerta de Oriente'-, que tiene lugar en la ciudad desde el pasado martes, hasta el jueves 28.
36 pequeños de entre seis y doce años fueron los afortunados que pudieron vivir una jornada de esperanzas y nostalgia. Las primeras, porque el nuevo museo tendrá una capacidad cuatro veces mayor al actual y albergará cerca de 1.500 piezas expuestas al público. Y nostalgia porque, después de 33 años de andanza, hay que decirle adiós al histórico equipamiento.
El museo permanecerá abierto al público hasta el 31 de agosto, pero no se realizará ningún taller más. Con 'Del trazo a la memoria' los más pequeños pudieron divertirse aprendiendo la escritura cuneiforme, la considerada más antigua de nuestra civilización. En dos diferentes grupos, los niños realizaron tablillas de arcillas en las que pudieron practicar su destreza con las cuñas y los pictogramas.
Es el caso de Laura García, que tiene diez años y ya ha realizado tres talleres distintos en el museo. Reconoce que la primera vez acudió porque se lo dijeron sus padres, pero «me gustó mucho y vengo siempre que hay alguna actividad nueva». Laura no es la única que repite en el museo de la plaza de las Brullerías. Alexander Martínez, de once años, estuvo el año pasado en un cursillo de arqueología y se quedó «impresionado con el museo».
La monitora, Isabel Buesa -muy interesada en explicar a los peques los orígenes de la escritura y sus características- les dio la oportunidad de expresarse mediante una tabla de arcilla.
Diciembre o enero
Algunos decidieron plasmar su nombre con el alfabeto sumerio, como Andere Gorozpe, Ibai Díaz y Asier Álvarez. Otros se decantaron más por intentar dibujar una palabra a través de pictogramas. Uxue Márquez, por ejemplo, representó una brújula porque le gusta mucho «ir al monte con mis padres».
Ahora toca un largo parón en las actividades del centro arqueológico, ya que probablemente «hasta diciembre o enero no podamos preparar un programa didáctico para el museo nuevo», calculó Buesa. La monitora se encuentra a gusto en el antiguo edificio, pero cree que el cambio era necesario. «El problema es que aquí falta espacio. En cambio en el nuevo tendremos una sala didáctica con mejores disposiciones», explicó.