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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Sociedad

Infierno en Barajas Los efectos de la tragediaInfierno en Barajas Los efectos de la tragedia

Decenas de pasajeros renunciaron en el último momento a subirse a su avión y optaron por cancelar sus billetes conmocionados por la catástrofe
21.08.08 -

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El miedo se cuela por la puerta de embarque
Varios familiares reciben efusivamente en el aeropuerto de Loiu a un grupo de pasajeros del vuelo procedente de Madrid. / MAITE BARTOLOMÉ
Miles de personas atestaban a primera hora de la tarde de ayer las cuatro terminales de Barajas a la espera de embarcar en un avión rumbo a cualquier parte del mundo. Era «un día típico, como cualquier otro del mes de agosto», hasta que el trágico accidente del vuelo JK 5022 quebró esa aparente normalidad. A partir de las 14.45 horas, nada volvió a ser igual en el aeropuerto. Las pantallas de información comenzaron a teñirse de rojo y uno a uno todos los vuelos empezaron a registrar retrasos.
«Al principio no hemos tenido nada de información. Creíamos que no era nada, un accidente más, pero cuando nos hemos enterado que había muertos, la situación ha cambiado mucho y hemos tenido verdadera preocupación», narraba un joven bilbaíno atrapado en la T1, donde esperaba tomar un vuelo a San José de Costa Rica. Curiosamente, embarcó con dos horas de retraso sin llegar a conocer la magnitud real de la catástrofe, ya que por megafonía sólo se informaba de que 'debido a un incidente aéreo' los vuelos podrían sufrir demoras.
Las escenas de preocupación se tornaron en poco tiempo en nerviosismo. La conmoción y el desasosiego comenzó a recorrer las puertas de embarque, lo que provocó que no todos los pasajeros llegaran a su destino. Ni siquiera montaron en el avión. Y es que a medida que se conocía el número de fallecidos, el miedo hizo acto de presencia. «Se ha notado mucho alboroto en los pasillos. La gente no sabía qué hacer o a dónde dirigirse», describía Judith Pietx, empleada de la tienda 'Crystal', ubicada en la T4.
Los empleados que atienden los mostradores de las compañías se enfrentaron entonces a angustiosas colas de viajeros deseosos de cancelar sus billetes y reclamar sus maletas. No podían afrontar el riesgo, ayer más real y cercano que nunca, de sufrir un accidente. De hecho, según los expertos, este tipo de siniestros «multiplica por diez el miedo a volar en aquellas personas que no les gusta o tienen fobia a coger aviones».
Los afectados residentes en Madrid regresaron a sus domicilios en metro, taxi o autobús. Pero los que habían llegado a Barajas horas antes en una escala hacia otros destinos tuvieron que pergeñar alternativas para volver a casa. «A partir de las cinco de la tarde hemos notado una afluencia anormal de clientes que querían alquilar un coche. Calculamos que en dos horas hemos atendido un 60% más de personas de lo normal», explica Verónica Navarrete, empleada de Avis en la T4.
Intranquilidad en Loiu
Escenas similares se vivieron en todos los aeropuertos del país. A media tarde, en la terminal de Loiu el nerviosismo se respiraba en el ambiente con conversaciones de banco a banco, y gente que comentaba la tragedia en la cafetería. «¡Qué desastre!», afirmaba una mujer al ser informada de la cifra provisional de muertos. Pero la auténtica ansiedad se palpaba en la cola del vuelo de Spanair con destino a Madrid, que de la nada se formó frente a los mostradores de facturación. Eran las seis y media de la tarde y los viajeros miraban con aprensión los paneles que marcaban los retrasos que acumulaban todos los vuelos con origen o destino en la capital. Cerca, en uno de los bancos, una chica lloraba sobre el hombro de su novio.
Se llama Yaiza, es canaria y tenía que viajar con Spanair de vuelta a su tierra con escala en Barajas. «Ahora estoy muy asustada», confesaba. Su vuelo partía en media hora y la tragedia planeaba sobre su mente y ardía en su bolsillo con el nombre de la compañía en una tarjeta de embarque. «El 1 de agosto tuve que viajar con Spanair y a los diez minutos de despegar nos hicieron regresar al aeropuerto por un fallo en el sistema hidráulico», relataba aún conmocionada. Y no era la primera vez. En otro vuelo entre Gran Canaria y Madrid, también con Spanair, estuvo una hora y media dentro del aparato por un fallo técnico. «¿Cómo es posible que en veinte días me haya pasado dos veces?», se lamentaba.
Información
A escasos metros, Zuriñe acudía a la ventanilla de la compañía para informarse sobre si su vuelo a Madrid se iba a ver afectado. Estaba pensando seriamente en anular el viaje tras ver las noticias. «¿Por favor, puedo anular ahora mi pasaje?», preguntaba nerviosa. Los empleados, abrumados por lo sucedido, intentaban contentar a todos con sus explicaciones. «Si lo desea, sí», respondían. Al final se lo pensó mejor y decidió viajar.
Temor entreverado de dudas y brotes de miedo son reacciones normales ante una catástrofe aérea. Pero también se generan sensaciones contrarias: alivio, esperanza... «No puede volver a pasar otro accidente el mismo día», argumentaban Juanjo y Ana, una pareja que esperaba tranquila en la cola del vuelo de Spanair de las 18.50 horas a Madrid. Estaban más preocupados por la posibilidad de perder su enlace a Viena para hacer un 'tour' por las ciudades imperiales que por la, «remota» para ellos, posibilidad de sufrir algún percance en vuelo. «Se cae uno cada doscientos mil, hombre», se animaban.
Más intranquila se mostraba Ana Isabel Hernández, diez puestos más atrás en la cola de espera. Su hija Elizabeth Bermejo dejaba por primera vez el nido familiar para irse sola de vacaciones a Palma de Mallorca. «Estoy muy nerviosa e intranquila», murmuraba mientras miraba fijamente a su hija, mucho más relajada. «¿Pero cuántos accidentes pasan al día?», le calmaba la joven.
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