La gran mayoría de los 162 pasajeros del aparato de Spanair siniestrado eran españoles. La compañía facilitó anoche su listado, en el que figuran varias personas de procedencia vasca. Gran parte de los viajeros se desplazaba a Canarias para pasar allí sus vacaciones. Pero también había residentes en las islas que regresaban a sus hogares procedentes de la Península. Entre estos últimos figuran varios políticos. Uno de ellos es el concejal de Cultura de la localidad grancanaria de San Bartolomé de Tirajana, Laurencio García, a quien acompañaban a bordo su mujer y sus dos hijos, con quienes volvía de pasar unos días de descanso, según confirmó el vicepresidente del Cabildo, Román Rodríguez. Otra era Faina Noda, de 30 años y natural de Aldea Blanca, miembro del ejecutivo local y de las juventudes del PSOE. También trascendió la identidad de la médico militar Loreto González Cabanas, que embarcó con su hija.
En el pasaje figuraban varios directivos de la empresa de energía solar Pevafersa, radicada en el municipio zamorano de Toro.
También constan algunos extranjeros. Así, el cónsul de Chile en Madrid, Calos Montenegro, confirmó que un ciudadano de esa nacionalidad se encontraba entre las víctimas mortales del accidente. Se trata de Juan José Soto Vargas, un exiliado durante la dictadura de Augusto Pinochet que vivía desde hacía años en Alemania. Al parecer, junto a él se sentaba su hijo Pedro Óscar, menor de edad.
Al menos dos ciudadanos suecos habían embarcado en el avión minutos antes del trágico accidente, según confirmó el Gobierno de ese país. Uno de ellos resultó herido y fue trasladado a un hospital de Madrid. Se desconoce la identidad y situación del otro.
Cuatro pasajeros de nacionalidad alemana, de los siete que realizaron el 'cheking' con Lufthansa para embarcar en el vuelo JK 5022, podrían encontrarse entre las víctimas mortales.
Una morgue improvisada
En el desconcierto de los primeros momentos, las escenas de dolor entre los allegados de las víctimas al confirmarse que se cumplían sus peores temores contrastaban con el alivio que sintió una mujer que, tras llegar a la terminal atenazada por el miedo, descubrió que sus hijas, de 13 y 14 años, no llegaron finalmente a subir al avión.
El Ayuntamiento de Madrid decidió instalar en el recinto ferial de la capital (Ifema) una improvisada morgue, a la que fueron trasladados los restos mortales de los pasajeros fallecidos en el siniestro. Como ocurriera tras los atentados terroristas del 11-M, sólo así será posible afrontar la dura tarea que aguarda a los forenses judiciales: identificar uno por uno a los fallecidos y cerrar un cómputo definitivo de la catástrofe.
Los familiares de las víctimas estuvieron acompañadas por un centenar de psicólogos, médicos y asistentes sociales que, previamente, les habían atendido por crisis de ansiedad y desvanecimientos en el aeropuerto de Barajas. Muchas de estas personas acudieron a los representantes de los medios de comunicación para informarse sobre dónde tenían que acudir. A primeras horas de la noche llegaron más allegados de los pasajeros, procedentes de Canarias, en un vuelo especial de Spanair.
También acudió a Ifema y a los hospitales madrileños personal de embajadas como la de Alemania o Reino Unido para comprobar si entre los pasajeros figuraba algún compatriota e interesarse por su situación.