La guerra ha marcado su vida. La primera la sorprendió siendo una niña. Se vio obligada a poner rumbo a Moscú en plena guerra civil española para escapar de una muerte segura y se encontró con la Segunda Guerra Mundial. Setenta años después ha tenido que hacer el camino inverso por culpa de otro conflicto armado, el que enfrenta a Georgia con Rusia. Los mismos que la acogieron, ahora la echan. A sus 82 años, Maite Sagarzau, su hija Marina, su yerno y dos de sus nietos aterrizaron ayer en el aeropuerto de Bilbao procedentes de Tiflis tras pasar «cuatro días de pánico y terror» en una ciudad tomada por las fuerzas militares.
En la terminal bilbaína, Laly esperaba a su madre y al resto de la familia hecha un manojo de nervios. «Casi no he podido hablar con ellos», se justificaba. El avión de la compañía 'Clickair' aterrizó puntual. A las siete de la tarde, los pasajeros bajaban las escalinatas y Maite tocaba suelo vizcaíno por primera vez en quince años. Lloraba de «emoción» por ver a su hija, y por lo «afortunada» que se sentía al poder escapar del «infierno» en que se ha convertido Tiflis en la última semana. «Ahora estoy un poquito más tranquila. Cansada, pero tranquila. Es que ya llevo muchas guerras a mis espaldas y una se va acostumbrando», comentaba.
A su lado, su nieta pequeña se abrazaba a su tía y a sus primos con cara de alivio. Era la primera vez que salía de Georgia. Anuki no lloraba. Reía. «Hemos pasado mucho miedo. No podíamos salir de casa y la ciudad estaba llena de militares. En cuanto tuvimos la posibilidad de escapar, no nos lo pensamos dos veces. El consulado español se ha portado muy bien», explicaba. La guerra también sorprendió a una pareja de turistas vizcaínos que compartieron parte del viaje con la familia Sagarzau. Habían ido a pasar las vacaciones a Georgia y se encontraron un país levantado en armas.
Abandonados en Armenia
El contingente español, formado por más de una veintena de personas, hizo escala en París. Un avión militar francés se encargó de su traslado desde el país caucásico a la capital gala después de vaciar la carga de ayuda humanitaria que llevaba. Los primeros llegaron ayer por la mañana a Barajas, donde fueron recibidos por una delegación del Servicio de Emergencia Social de la comunidad de Madrid. «No hemos pegado ojo. Había bombardeos en sitios estratégicos y la gente se metió en las casas para no salir», recordaba Primitiva Adelina Martínez, una de las 'niñas de la guerra' que forman parte de la colonia española afincada en Tiflis al aterrizar a España. «Sufrimos mucho hasta que llegó Sarkozy», añadió tras agradecer la labor del personal diplomático español.
Pero no todos han tenido la misma suerte. Otro grupo de compatriotas permanece «tirado» en la capital de la vecina Armenia tras un «largo» y «penoso» viaje en autobús organizado por la Embajada alemana para huir de Tiflis. «Es de vergüenza. Nadie nos informa de nada y el cónsul español pasa olímpicamente de nosotros». Enrique Poza y su novia Nana están «indignados» con el trato recibido por parte de las autoridades españolas en el país caucásico.
No son los únicos. Al menos una docena de españoles y georgianos residentes en nuestro país comparten las «penurias» de la pareja madrileña. «Vamos de ventanilla en ventanilla y no nos hacen caso. Hemos visitado todas las embajadas y consulados, pero nadie se quiere hacer cargo de la situación. Ni tan siquiera el cónsul honorario», protesta Tamara, una joven georgiana residente en Barakaldo. La mujer estaba de vacaciones con sus dos hijos, de siete y cinco años. «Están muertos de miedo. Llevan dos días abandonados en un hotel de Erevan -la capital armenia- tratando de negociar cómo pueden regresar a casa», explica su esposo.
La situación es «desesperante». El «problema» es que las compañías que operan en la capital armenia «están saturadas y no tienen plazas». Enrique ya ha perdido la paciencia. «La Embajada francesa y la alemana se ha llevado a los suyos, pero a nosotros no nos atiende nadie. Hasta el cónsul de Moscú nos ha colgado el teléfono».