A Lin Miaoke le bastaron unos pocos minutos para enamorar al planeta. Lo hizo con su carita de ángel y una belleza que entraba por los ojos para quedarse. ¡Qué guapa! ¡Qué mona!, exclamó más de uno cuando vio a una niña de nueve años que interpretaba 'Oda a la madre patria', en la ceremonia inaugural de los Juegos de Pekín. Una estampa inmortal, transfronteriza, que también encandiló por lo dulce y hechizante de la voz de la joven artista. Cinco días después de la ceremonia, de aquella sonrisa arrebatadora, se descubrió la mentira: Lin Miaoke no cantó ni una sola nota, sino que se limitó a abrir la boca al ritmo de 'playback' como los Milli Vanilli.
Pero lo de la chica no fue el único engaño de la ceremonia de apertura. Ayer se supo también que algunas imágenes de la inauguración ya estaban grabadas y que varias baterías de fuegos artificiales jamás existieron, ya que se proyectaron por ordenador. Realidad virtual fuera del 'Nido de pájaro' y voz de pega en el estadio olímpico.
Pero la niña no tiene la culpa. Un asunto de Estado. Los organizadores la escogieron por guapa y su familia no pudo negarse. Todo por la patria. La verdadera cantante, Yang Peiyi, también de nueve primaveras, acreditaba una voz prodigiosa pero su físico no encajaba con la imagen de perfección que China pretendía trasladar al mundo desde la atalaya olímpica. Había que buscar una sustituta, una cara bonita, rostro esculpido por los dioses, y el dedo se paró en Lin Miaoke. Preciosa. Perfecta. Sin música en las cuerdas vocales. La puso la pequeña Yang Peiyi, escondida del mundo, con la voz 'secuestrada' por la belleza, porque era gordita, con una cara rechoncha y unos dientes asimétricos. Así no se podía salir ante 4.000 millones de personas.
«Imagen correcta»
El director musical de la ceremonia inaugural, Cheng Qigang, derramó ayer la verdad en una entrevista concedida a la página web www.sina.com, que poco después desapareció de la Red. «Lin Miaoke fue elegida por ser muy mona y porque queríamos proyectar la imagen correcta. Estábamos pensando en qué era lo mejor para la nación». Por lo visto, apartar a una niña con una voz maravillosa, un poco gordita y no tan guapa, para ofrecer al mundo a una muñeca de porcelana.
Cheng destacó que la joven belleza, que movía los labios al son de la 'Oda a la madre patria', demostró su saber estar ante las cámaras. «Impecable en imagen, sentimientos internos y expresión», resumió. Incluso la prensa china se descompuso ante la joven artista. «Una pequeña cantante gana el corazón de la nación», tituló el diario 'China Daily', que recordó que la niña ya había aparecido en varios espectáculos televisivos. Lástima que fuera mentira.