Patxi Eugi puso el punto y final a 17 años de una intensa carrera en el campo manista profesional en el frontón de Aoitz, donde nació hace 37 años. Tras de sí deja un palmarés cargado de éxitos. Dos títulos de la competición reina de la pelota vasca -el Manomanista- y tres 'txapelas' del Torneo del Cuatro y Medio.
Debutó en el Labrit de Pamplona un 5 de julio de 1991, en vísperas de San Fermín. Y ha colgado el 'gerriko' el 10 de agosto de 2008, en su pueblo. Arropado por sus convecinos, familiares, amigos y ex compañeros de profesión y los miembros del Consistorio. Todos cerraron filas en torno a él en ese día de fuertes emociones y de intensas aflicciones.
Es la ley inmutable del deportista. Un día u otro hay que decir adiós. Y hay que hacerlo con gallardía y con la cabeza alta. Y con la hoja de servicios repleta de condecoraciones. Patxi marcó con antelación la fecha de su partida. En la primavera expresó: «quiero irme en mi casa y el 10 de agosto». Sus deseos se ha cumplido a rajatabla.
Debutó en profesionales con un triunfo rutilante. Despertando la admiración de los técnicos. «El chaval tiene futuro», anticiparon. Los profetas acertaron de pleno. Y ha partido con el deber cumplido, como el buen soldado, pero con una derrota. Martínez de Irujo y Nalda III, que se erigió en la figura del choque, le amargaron la tarde.
No tuvo suerte. Estuvo adelantado en el marcador, 3-12 y 8-14. Su salida resultó explosiva. Enrabietado y con hambre de pelota, mientras que el campeón de Ibero coqueteaba con su acostumbrado manual de cal y arena. En los cuadros largos del frontón, tanto Oskar Lasa como el zaguero vitoriano daban muestras de una enorme seguridad y eficacia.
El partido se adentró en el territorio del equilibio: 13-14. Fue en el mismo momento que Eugi sintió un fuerte pinchazo en el gemelo izquierdo que le obligó a retirarse a vestuarios. El médico de Aspe, Txema Urrutia, le aplicó un vendaje compresivo para sujetar el músculo y mitigar el dolor. El destino le hizo un guiño traidor.
Saltó a la cancha renqueante.Ya no fue el pelotari del inicio del estelar. Sus movimientos, lentos. Sin embargo, supo mantener el tipo, no eran tiempos de deserciones, y gracias al caráter dadivoso que tuvo Juan Martínez de Irujo el luminoso se apretó hasta el umbral de su resolución: 14-14, 15-15, 18-18 y 20-20. Ahí se quedo clavado.
Tres tantos
El más distinguido fue Íñigo Nalda. Bien en ataque y en defensa. Con su derecha, además de arrimar mucho la pelota, le imprimió una fuerte carga desestabilizadora que hizo daño en las defensas del rocoso zaguero de Etxarri Aranaz. Contabilizó tres tantos, de sendos derechazos muy largos, y sólo erró una pelota con su diestra.
Irujo, en su línea habitual. Aciertos y concesiones, aunque en varios lances dejó constancia de su enorme talento rematador. A subrayar un dos paredes, tanto ocho, que hicieron las delicias del respetable. Eugi estuvo sobresaliente hasta que la lesión llamó a su puerta. Jugó con mucha codicia y sapiencia. Y Lasa III constató, como el día anterior en la final de La Blanca, que es un auténtico todo terreno.
Una vez finalizado el choque llegó el momento de los agasajos y el reconocimiento a una densa carrera. Recibió un montón de regalos. Eugi sintió la emoción e hizo lo humanamente posible para mantener la compostura. Fueron instantáneas que no olvidará el resto de su vida. ¡Adiós!