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CRÍTICA DE CINE

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Por un puñado de pasta
Tres hermanos , obligados por su difunta madre a recorrer el Camino de Santiago si quieren heredar una pasta gansa, es el detonante argumental del nuevo esfuerzo creativo de la despistante directora francesa Coline Serreau, máxima responsable que fue de la destrozataquillas 'Tres solteros y un biberón', que tuvo su versión yanqui y todo. En esta ocasión, la Serreau nos enjareta una especie de cuento moral, no en el sentido de los que suele filmar con su habitual perspicacia el gran Eric Rohmer, sino más bien poniendo el acento en los aspectos paródicos y cínicos del asunto, en un filme de carretera que no hace camino al andar, puesto que se empantana en toda una serie de encuentros y desencuentros que experimentan los protagonistas de la historia.
No le ha salido bien a Coline Serreau esta bienintencionada película, que se estrena con notable retraso en nuestras pantallas. Porque lo más grave que le pasa a 'Peregrinos' es que pierde ritmo y que se ha dilapidado una idea de fuste, al tiempo que su guión deja al descubierto más agujeros que un colador. De ahí que estos fallos desemboquen por desgracia en una suerte de sainete bufo, que no se puede tomar muy en serio por culpa de ese refrito de situaciones.
Los personajes, nueve en total, que parten desde la localidad gala de Puy-en-Velay, campan a sus anchas, incluido uno de los actores-fetiche de Robert Guediguian, el siempre entonado Jean-Pierre Darroussin, al que pudimos ver en '¡Al ataque!', con lo cual convierten este escaparate avaricioso y familiar en un divertimento que no se puede tomar muy en serio. Así que, al final, nos encontramos ante una Coline Serreau a mitad de camino entre sus ambiciosas intenciones y un inequívoco servilismo, cuando en buena ley, en vez de someterse a un libreto en el que no cree, la realizadora debería haberse sentido un poco más libre y personal... Amén.
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