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Cultura

EXPOSICIÓN DE CUADROS

La Tate Britain prepara para septiembre una amplia retrospectiva dedicada al artista con motivo del centenario de su nacimiento

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Francis Bacon, la angustia de ser
Cuadro que pinta en 1971 con motivo del suicidio de su amigo, con el que mantuvo una tortuosa relación.
«El hombre es un accidente, un ser absolutamente fútil, que tiene que jugar hasta el final sin motivo; todo el arte se ha convertido hoy completamente en un juego con el que el hombre se distrae». Así hablaba Francis Bacon (Dublín, 1909-Madrid, 1992) de uno de los motivos centrales de su obra: la fragilidad del ser, la angustia de la existencia, una angustia que quedó reflejada en sus desgarradoras representaciones del cuerpo humano, figuras esperpénticas que regresan a una grotesca, violenta, animalidad. La Tate Britain prepara con motivo del centenario de su nacimiento la primera gran retrospectiva dedicada en el Reino Unido desde 1985 a este pintor considerado uno de los más destacados artistas del siglo XX. Será a partir del 11 de septiembre.
La retrospectiva ofrecerá un recorrido por las distintas etapas de su carrera, con 70 de sus cuadros más célebres. Permitirá además examinar la obra del pintor a través de sus investigaciones. Se tratará de la mayor muestra hasta la fecha dedicada al análisis de la filosofía que encerraban sus enigmáticas pinturas.
Bacon no tuvo una infancia fácil. Transcurrió entre Irlanda e Inglaterra, en una época dura, la Primera Guerra Mundial y la posguerra. Como él mismo explicaría: «Mis cuadros son una representación de la vida, sobre todo la mía propia, que ha sido especialmente difícil. Tal vez por ello mi obra es tan violenta, pero eso es algo normal para mí».
Era un niño enfermizo, sufría asma y una compulsiva alergia a perros y caballos, contra la cual se le solía suministrar morfina. Su carácter sensible y afeminado, enfurecía al padre, militar autoritario y colérico, quien a los 16 años le echó de casa, al descubrirle probándose la lencería de la madre frente a un espejo. Tras esa traumática experiencia, sobrevivió sin rumbo por las calles de Londres, leyendo a Nietzsche, con trabajos precarios y sacando ventaja de la atracción que despertaba en hombres adinerados.
Uno de ellos, a quien curiosamente su padre había recomendado para que «hiciera un hombre de él», lo llevó a Berlín a vivir a un lujoso hotel. El romance fue breve y Bacon volvió a verse en la calle, sin dirección. Optaría por viajar a Francia. En París encontró el rumbo que su vida necesitaba, gracias a una exposición de Picasso en la galería Paul Rosenberg. Le impresionó tanto que decidió dedicarse a la pintura. Volvió a Londres y comenzó a formarse de manera autodidacta.
A finales de los 30, atormentado por la falta de proyección de su trabajo, destrozó sus primeros cuadros. El reconocimiento vendría a mediados de los años 40 con 'Tres estudios de figuras junto a una Crucifixión' (1944). La muestra incluye esta obra clave, lo mismo que los famosos retratos del papa Inocencio X. Interpretaciones muy personales del cuadro que Diego Velázquez pintó en 1650. «Intento pintar como Velázquez, pero con la textura de la piel de un hipopótamo», explicaría.
Su obsesión con la temática religiosa y el dramático nihilismo que destilan esas grotescas imágenes vuelve a estar presente en cuadros posteriores, como 'Crucifixión', de 1965, también parte de la muestra que prepara la Tate Britain.
El amigo muerto
Entre las pinturas más destacadas de la última época se encuentran 'Tríptico' (1973) y 'En recuerdo de George Dyer' (1971), dedicados al dramático episodio del suicidio de su compañero sentimental en 1971. Bacon conoció a Dyer mientras éste intentaba robar en su apartamento; era un individuo inseguro y alcohólico que nunca encajó en el ambiente bohemio en el que se movía el artista.
Tras siete años de tortuosa relación, Dyer se suicidó en una habitación de hotel en París con una sobredosis de barbitúricos. La tragedia quedó plasmada en la obra 'Tríptico', en la que se puede contemplar como Dyer agoniza, postrado en una letrina, recostado tras el marco de una puerta o vomitando en el lavabo.
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