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Sylvester Stallone causa sensación en Ibiza y en el Pazo de Meirás aún resuenan las gaitas
10.08.08 -

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Esto te cura o te mata
A Sylvester Stallone le ha sentado mal el sol de Ibiza. / EFE
He aprendido mucho en Sotogrande. Por ejemplo, que allí el viento de Poniente provoca que arda la tierra y se hiele el agua del mar. Curioso fenómeno éste que nunca amedrentó a otro fenómeno de los ruedos, el ya desaparecido Luis Miguel Dominguín. «Él se tiraba de cabeza sin pensárselo dos veces -me contó Fernando, su chófer-. Y si tenía un catarro o una gripe, todavía con más razón». «¡Esto me cura o me mata!», proclamaba siempre el diestro antes de zambullirse. Podrían haber sido sus últimas pálabras. Pero no. Dominguín murió de un infarto, sí, pero en la cama.
Otro fenómeno (aunque de estilo muy diferente) está causando sensación en Ibiza. Se trata del hipermusculado Sylvester Stallone, que acaba de celebrar sus recién cumplidos 62 años con una fiesta en Pachá. A mí, Stallone ni frío ni calor. La que de verdad me tiene admirada es su madre, que ha sido trapecista, química, astróloga... Y ahora mismo es una de las pocas videntes del mundo que se atreve a leer el futuro en la raja de trasero. Puedes enviarle una foto y enseguida te elabora un detallado pronóstico. Tiene mérito esta mujer. Yo, como la mayoría, ante una foto de ésas, ni siquiera sé si es culo o codo. No conozco a ningún mortal que haya sometido sus posaderas al ojo clínico de Jackie Stallone (en Hollywood debe de ser difícil, con tanta nalga operada), pero me gustaría conocerlo, porque ésa sí que debe ser una experiencia que o te cura o te mata.
La nalguimántica mamá de Stallone es un fenómeno en lo suyo. Pero hay gente que, aún así, prefiere al hijo. Es que hay gente 'pa tó'. Gente que se encuentra al actor paseando por el puerto de Ibiza y se lanza en plancha a pellizcarle el bíceps para cerciorarse de que el tío es real y no un holograma o un efecto óptico, producto de lo mucho que se alucina en esa isla.
Hace falta ser muy despiadado para pellizcar al pobre Stallone, quien por culpa de una inmersión solar insensata se ha puesto de color granate. Más que granate, agua y vino. Tinto de verano, para entendernos. A los diez minutos de pasear por las calles ibicencas, el valeroso Rambo se batió en retirada y volvió a refugiarse en ese pedazo de yate del que nunca debió haber salido. Para mí que no sentía las piernas. (O tal vez las sentía demasiado, de la pura inflamación solar.) Eso, o que fue a poner una videoconferencia con su madre. «¿Mamá, saldré de esta?». «A ver, hijo, date la vuelta, bájate los pantalones, y te digo...».
¿Mamá, saldré de esta? Eso debió de preguntarle el viernes Leticia Giménez Arnau a su madre, ante la que se organizó en su boda. En la 'paraboda' celebrada a las puertas del Pazo de Meirás hubo gaitas (destempladas), canciones protesta y mucho eslogan reivindicativo. ¿Y, Franco, qué opina de esto?, cabría preguntarse, como en el anuncio. La respuesta es simple. Si Franco llega a levantar la cabeza y ve, no ya el circo organizado fuera, sino el panorama familiar que había dentro -con un padre de la novia ausente porque hace quince años que no ve a su hija, un tío de la novia en fase de desintoxicación aguda tras 22 años enganchado a la cocaína, una tía que asiste con su tercer y joven marido; y la mayoría de sus nietos divorciados y recasados, etcéra-, o bien se vuelve a morir, o agarra de la misma una gaita y se pone a pedir él también la devolución del pazo. Porque, como dijo Dominguín, hay impresiones tan fuertes que o te curan o te matan.
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