Once de la mañana en Ezcaray. Asentado a los pies de la Sierra de la Demanda, este rincón riojano se despereza a su ritmo. Sin estrés. De vacaciones. Es el compás de un pueblo turístico que intenta reponerse del 'shock'. La desarticulación del 'complejo Vizcaya' de ETA situó a este municipio el pasado 23 de julio en el centro del huracán terrorista. Cuatro pisos francos, el último encontrado esta misma semana, convertían a la pequeña localidad -de apenas 2.100 habitantes- en la base de operaciones del comando. Calma rota. De la tranquilidad, se pasó a la sorpresa, primero, y a la indignación, después.
Es miércoles y la normalidad parece haber retornado, tras días de registros policiales e investigaciones antiterroristas. Pero algo es diferente. No se ve. Se siente. La mayoría de sus habitantes prefiere no dar abiertamente su opinión, pero todos tienen muy presente la 'marca' de ETA. Sienten que la banda les ha dejado una pequeña herida.
Esta periodista y un fotógrafo recorren las calles de Ezcaray. La gente aprovecha la mañana para hacer algunas compras, mientras los más pequeños no cesan de jugar. La jornada parece transcurrir en calma. Pero algo ha cambiado. Una patrulla de la Guardia Civil se detiene al ver al fotógrafo de EL CORREO tomando imágenes de la urbanización El Cardizal, en la que Arkaitz Goikoetxea, el jefe del 'Vizcaya', tenía la base de operaciones y donde pretendían asesinar al magistrado de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska. Los agentes piden al reportero que se identifique. Temen que las fotos puedan ser empleadas para oscuros fines.
Al disipar sus dudas, lanzan una advertencia, que revela cómo están las cosas en este paraje riojano utilizado como refugio por muchos políticos - Juan María Atutxa, Ramón Rabanera o María San Gil, entre otros- e intelectuales vascos que se sienten en el punto de mira de ETA: «La próxima vez que vengáis con este tipo de cámaras pasaros antes por el cuartel. Nos avisáis y así os evitáis esta situación». El todoterreno se aleja. En una de sus ventanillas, un cartel muestra los rostros de seis peligrosos etarras. La foto de Goikoetxea aparece tachada con un aspa para recordar que está detenido y en la cárcel, como otros seis miembros del 'talde'. La presencia policial ha aumentado en la localidad tras la operación policial. Lo reconoce el propio alcalde, el socialista Jesús Garrido, que, no obstante, subraya cómo residentes y turistas tratan se seguir adelante «con total naturalidad».
En la plaza del Ayuntamiento, media docena de personas da el último sorbo a sus cafés en la terraza del albergue La Real Fábrica. Sus dueños aseguran que las noticias sobre el 'Vizcaya' no han provocado bajas de última hora en las reservas. «Como no ha pasado nada grave la gente sigue viniendo igual que siempre», señala una de las empleadas. Ezcaray vive del turismo. Prueba de ello es que en los meses de verano ve multiplicada por diez su población, hasta situarse cerca de los 20.000 habitantes. De ellos, el 80% son vascos. La cercanía a Euskadi es uno de los encantos de este paraje, situado a tan sólo hora y media de Bilbao y a unos cincuenta minutos de Vitoria.
La relación entre el País Vasco y La Rioja es prácticamente la de dos comunidades hermanadas. Más de 84.000 turistas vascos eligen distintos paisajes de esa provincia para disfrutar de sus vacaciones, ya sea en hoteles, casas rurales o campings, según datos del Instituto Nacional de Estadística. A esa cifra habría que sumar los millares que disponen de una segunda residencia. Pero el turismo no es el único lazo que une ambas comunidades.
Muchas personas nacidas en Euskadi han fijado su domicilio en alguno de los municipios riojanos. Los últimos datos del padrón, a enero de 2008, revelan que de los 317.020 habitantes de La Rioja, 15.123 son originarios del País Vasco.
En Ezcaray resulta complicado toparse con alguien nacido en la localidad . «Si aquí se habla más euskera que en en el País Vasco», comentan Begoña y Francisco. Esta pareja, natural de Barakaldo, lleva más de cuarenta años disfrutando de su retiro estival en el valle del río Oja. Tienen su segunda residencia cerca de la urbanización El Cardizal y siempre dan su habitual paseo por el camino que bordea los edificios de esta zona residencial. «Nunca se había oído nada de esto por aquí y mira que llevamos tiempo viniendo», dicen al preguntarles por los planes de ETA para asesinar a Grande Marlaska.
Pasar página
Otros, como María y Fernando, vivieron la operación policial de cerca. El matrimonio veranea en uno de los apartamentos de la misma urbanización, atestado estos días de turistas. «Somos de Bilbao y, aunque estas cosas, tristemente, no nos afectan de igual modo que a otros porque es algo con lo que convivimos durante el resto del año, a nadie le gusta saber que gente así vive a tu lado», reconocen. Él se ha levantado temprano para pedalear un poco en bicicleta, mientras su mujer se acerca hasta la tienda para hacer unos recados. «Estamos muy tranquilos. No ha cambiado nada».
No opina lo mismo Amadeo, empleado de un local hostelero. Reconoce que en las últimas semanas ha podido escuchar todo tipo de comentarios entre la clientela y vecinos. «La gran mayoría ha visto pasear con normalidad a Atutxa y a Rabanera, por lo que no les extrañaba que pudiese haber un atentado. Aquí vienen muchos políticos 'exiliados' en busca de tranquilidad y la duda ahora es si tanto ellos, que podrían optar por desplazarse a otros lugares, como, por consiguiente, Ezcaray saldrán perdiendo», advierte.
Sobre la posibilidad de que la relación entre vascos y riojanos se vea empañada por el azote terrorista Amadeo se muestra contundente: «En ningún caso. Es una relación casi fraternal. Aquí hay cuadrillas de toda la vida que son la mitad de aquí y el resto del País Vasco, lo único que se ha conseguido es reforzar la tesis de 'vascos sí, ETA no'».
Para el dueño del bar 'La Cuña', uno de los más concurridos de la popularmente conocida como plaza del quiosco, «lo importante es olvidar lo ocurrido». Apenas se permite un descanso. La terraza está a rebosar. «Es la hora del vermú». Desde detrás de la barra, Sebastián Santamaría ha escuchado de todo, pero se queda con una idea: «Nadie está libre, lo importante es seguir adelante».
Unas tesis que comparten las autoridades de la comunidad. «Riojanos y vascos no entienden de fronteras, hay una gran sintonía entre los dos, que se ha afianzado con el paso del tiempo», subraya la vicepresidenta de La Rioja. Aranzazu Vallejo tiene muy claro que la relación entre las dos comunidades «depende más de la actitud de la gente que de la procedencia». La dirigente del PP se muestra, en este sentido, «convencida» de que la presencia de los terroristas en la comunidad no influirá en la convivencia amable entre unos y otros. «Porque haya cuatro, a los que podría darles muchos calificativos, no es motivo para rechazar a todos. A pesar de la actividad terrorista, seguiremos recibiendo a los vascos igual que siempre», insiste.