La llama de sir Bobby Robson se apaga lentamente. Nadie lo diría a simple vista. Apartado de los banquillos por recomendación médica en 2004, el carismático entrenador inglés disfruta de los pequeños placeres de la vida a un ritmo frenético. Viaje por aquí, torneo de golf por allá... Su semblante siempre irradia felicidad, pero en el fondo esa aparente salud de hierro está lastrada por un voraz cáncer de pulmón. Lleva 17 años luchando contra la enfermedad con la entereza de quien está convencido de poder ganar la batalla de su propia existencia. Es un combate que tiene los días contados. Y, a estas alturas, Robson (Langley Park, 1933) ya se sabe perdedor. «Siento que me estoy muriendo», reconoció ayer con un aplomo envidiable en una entrevista publicada por 'The Sun'.
Su drama arrancó allá por 1991, cuando se le detectó por primera vez la dolencia durante su periplo holandés en el PSV Eindhoven. Aquel año le fue descubierto y extirpado el primero de los tumores que están afectando su salud. Desde entonces, ha superado con éxito cuatro brotes y al quinto las cosas parecen haberse torcido. «Mi enfermedad está estable y no ha mejorado después del último ciclo de quimioterapia», relata con cierto pesar el damnificado al periódico sensacionalista más leído en tierras británicas.
El último diagnóstico facultativo es terrible. Habla de apenas unos meses de vida. Robson se lo ha tomado al pie de la letra y ha decidido hacer «todo lo que se pueda» en el tiempo que le queda de vida.
«Me considero afortunado de vivir tanto tiempo con este cáncer, por este motivo estoy agradecido a los médicos que me trataron. Sé que más pronto que tarde voy a morir, pero todo el mundo debe hacerlo algún día y yo pienso que he disfrutado cada minuto de mi vida», se vanagloria el envidiado ex seleccionador inglés.
Nada es capaz de intimidar al afamado 'míster', todo un 'gentleman' del balompié que ha dejado un regusto dulce en el paladar de los seguidores de los ocho equipos a los que ha entrenado. Casi todos le tienen aprecio. Incluso en Barcelona, pese a recibir la carta de despido después de una temporada sin títulos. Allá donde va ahora, le acogen con los brazos abiertos. «He vivido un verano frenético. Presencié tenis en Wimbledon, jugué al criquet, en Portugal me organizaron mi propio torneo de golf y, en Londres, fui premiado por la Football League Managers Association», relata al diario.
Millonario donativo
Robson, que recibió el título de sir en 2002 por su intachable currículum, se había acostumbrado a convivir con su mal cancerígeno hasta que le instaron a seguir una vida más sosegada. El Newcastle fue su último club, pero aún sigue al pie del cañón: «No me voy a sentar en casa pensando en lo que puede o no puede pasar». Ni siquiera pierde esa generosidad que le ha convertido en una persona cercana. El último gesto: donar 634.000 euros a su fundación para luchar contra el cáncer. Su ejemplo perdurará para siempre.