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Vizcaya

un siglo de antigüedad

Un grupo de ingenieros estudiará a partir de septiembre el estado del cauce para prevenir desplomes

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Desde la curva de Elorrieta hasta el barrio de La Peña, los muelles de la ría se someterán a partir del mes que viene a la primera revisión exhaustiva y global de su historia. La mayoría de las estructuras que componen la ribera de Bilbao tienen más de un siglo de antigüedad y nunca han sido examinadas a fondo para conocer su verdadero estado de conservación. Durante décadas, el mantenimiento de los pilotes de madera y hormigón que sustentan los muros ha sido nulo. Un abandono que ha provocado, en los últimos años, varios derrumbes importantes que han encendido todas las alarmas en el Ayuntamiento. Ahora, gracias a un acuerdo entre la Autoridad Portuaria, el propio Consistorio y el Ministerio de Medio Ambiente, un grupo de ingenieros dedicará todo un año a analizar la resistencia de los diques que contienen el empuje natural de las aguas.
El estudio costará algo más de medio millón de euros y será elaborado por la prestigiosa empresa vizcaína de ingeniería Sener. La compañía se adjudicó hace sólo unas semanas el concurso público convocado por la Dirección General de Costas. La financiación del operativo, que se prolongará durante un máximo de 12 meses, correrá a cargo de las tres citadas instituciones, en virtud del convenio que se firmó el 14 de diciembre de 2006.
Los especialistas comenzarán a trabajar el mes próximo y, una vez concluido, su informe servirá como punto de partida para conocer qué obras de rehabilitación hay que emprender, cuál es su coste y cuáles son las más urgentes. «El trabajo técnico tiene como objetivo establecer el nivel de riesgo en cada caso, las prioridades de actuación y las acciones necesarias para garantizar el correcto funcionamiento de los muros», explicaron desde Medio Ambiente.
La puesta en marcha de la revisión coincide en el tiempo con una sentencia que acaba de salir a la luz pública y que supone una victoria del Ayuntamiento sobre el Gobierno central, en su particular batalla legal abierta para dirimir a qué Administración corresponde el cuidado de los muelles dentro del casco urbano. El mes pasado, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid daba la razón al Consistorio bilbaíno y atribuía la competencia del mantenimiento y reparación de los diques de la ría a Costas, que tendrá que abonar casi un millón de euros para sufragar los costes de rehabilitación de un tramo del paseo de Uribitarte afectado por un grave desplome -hubo que realojar a una veintena de vecinos- en julio de 2004 y cuya reforma fue asumida de forma íntegra por las arcas municipales. El fallo judicial ya es firme.
Cinco centímetros al año
Hasta la fecha, los únicos estudios que se han desarrollado para averiguar el estado de las estructuras de ribera de la capital vizcaína han sido parciales. Es decir, se han circunscrito a tramos muy concretos del cauce. Así, por ejemplo, en 1993, a raíz de un derrumbe en el Campo Volantín, técnicos municipales supervisaron un tramo de muelle de un centenar de metros que, desde su construcción en el siglo XIX, no había sido nunca inspeccionado. Josu Ortuondo, por entonces alcalde de la villa, se propuso someter a examen todas las estructuras de la ría, pero su empeño se topó con un conflicto de competencias que aún hoy colea.
En 1999, otra valoración de técnicos de la Administración local alertaba de que los muros de Zorrozaurre se hunden cada año cinco centímetros en el lecho fluvial por efecto de los fangos y las mareas, así como por el desgaste de las estructuras.
Uno de los grandes problemas de los muelles bilbaínos es que muchas de las vigas y parapetos que dan forma a la ribera se asientan sobre suelos de dudosa estabilidad. Para conseguir una correcta sujeción, las columnas deberían ser pilotadas por pesadas máquinas hasta encontrar roca de gran dureza. Esto sucede a una profundidad variable a lo largo del cauce, pero que en muchos puntos ronda los 15 metros.
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