Ponerse de pie encima de una tabla y cabalgar sobre las olas no es sencillo y menos la primera vez. Los límites para la practica del surf, sin embargo, son pocos. Depende de la motivación de cada uno, como se demostró ayer en Bakio. Un grupo de diecinueve jóvenes entusiastas de la Fundación Síndrome de Down del País Vasco recibió en la playa de la localidad vizcaína su bautismo en esta disciplina deportiva, dentro del programa 'Surfing Denontzat' ('Surf para todos').
La iniciativa, organizada por la agrupación de surfistas del municipio, fue todo un reto tanto para participantes como para promotores. Aunque la jornada arrancó a media mañana, para los monitores de la fundación los preparativos empezaron con las primeras luces del día. «Los niños se despertaron emocionados con la idea», explicaba Sara Hidalgo, coordinadora del programa.
El grupo de jóvenes, que convive en la Ikastola Ander Deuna de Sopelana durante la primera quincena del mes, vivió un trayecto en autobús presidido en todo momento por su cita con las olas. El manto de nubes que cubría el cielo no echó por tierra la ilusión de la 'cuadrilla', que apenas invirtió unos minutos en enfundarse la licra y el bañador. Los miembros del Bakio Surf Taldea se encargaron del calentamiento previo a la zambullida en el mar. «Tumbaros en la tabla y simular que nadáis fuerte», repetían al grupo de alumnos de entre 11 y 18 años.
Mientras la getxotarra Sandra se aplicaba en seguir al pie de la letra los movimientos básicos de cualquier aprendiz, su compañero Gabriel bromeaba con la existencia de ballenas y tiburones. Esta posibilidad, en cualquier caso, le daba igual. «Venga vamos ya a por las olas», repetía impaciente.
Una vez en el agua, las maniobras iniciales corrieron a cargo de su compañera. «Como aprenda, lo voy a practicar cuando me vaya de vacaciones a Cádiz», dijo. Su afán por mantenerse encima de la tabla era tal, que cada vez que se caía soltaba una exclamación de rabia. La acción se repitió hasta que, en la sexta ola, la joven logró mantenerse sobre la tabla y llegar hasta la orilla.
«Pocas personas consiguen en sus comienzos lo que ha hecho Sandra», aseguró uno de los monitores. Otro ejemplo del afán de superación lo protagonizó Goiuri. Probó en repetidas ocasiones sobre el tablón, pero al final su ímpetu se vino abajo cuando el agua, a 21 grados de temperatura, le metió el frío en el cuerpo.
La clase práctica tocó a su fin sobre las 13.00 horas. Gabriel apuró las olas hasta el último momento: mientras sus compañeros estaban ya secándose en la arena, él seguía emulando a Kelly Slater. «La jornada ha sido realmente positiva. Tienen una motivación que resulta envidiable para cualquiera de nosotros. Repetiremos la experiencia el año que viene», afirmó Ana Urrutia, presidenta de la asociación de surfistas de la localidad.