La detención el pasado martes en la localidad vizcaína de Plentzia de un monitor del club privado Kai Eder, acusado de un delito contra la libertad sexual de menores, ha conmocionado al pueblo costero y ha causado una honda preocupación entre el más de un centenar de familias que dejaban a sus hijos a diario en los cursos que dirigía el joven en estas instalaciones deportivas. A. P. S., de 28 años, que fue arrestado por la Ertzaintza en el mismo club, pasó a disposición judicial la misma noche del martes y quedó en libertad tras pagar una fianza fijada por el juez, indicaron fuentes cercanas al caso. Según las denuncias presentadas por los padres, habría realizado tocamientos y se habría masturbado delante de los niños. Algunos de estos hechos, al parecer, ocurrieron cerca del instituto de Plentzia.
El detenido ejercía de monitor de futbito y organizador de campeonatos de baloncesto y otras actividades desde hacía varios años en el club, del que era socio. En concreto, el joven se ocupaba de unos 160 niños entre los 10 y 14 años a los que entrenaba a diario durante el verano.
El arresto se produjo en la mañana del martes, a una hora en la que las instalaciones deportivas estaban abarrotadas de usuarios. Según explicaron los responsables del club, los ertzainas irrumpieron uniformados y lo arrestaron durante una de sus clases, en medio del estupor de los testigos. Desde la dirección del Kai Eder explicaron que algunos de los pequeños que participaban en el entrenamiento contemplaron atónitos la escena mientras exclamaban: «¡Se lo llevan!, ¡se lo llevan!, ¡lo han detenido!».
Sin información
La noticia de esta detención fue la conversación del día entre los vecinos del pueblo. El revuelo en el club durante toda la mañana fue considerable. Responsables y socios del centro deportivo, con mucha tradición en la zona, no daban crédito al arresto del joven, muy conocido en el Kai Eder y en el municipio.
El presidente del club, Horacio Martínez, indicó que nadie les ha comunicado nada oficialmente y que, por tanto, no valorarán los hechos hasta que la Policía concluya sus investigaciones. «Sólo tenemos la confirmación de la Ertzaintza de que está detenido», puntualizó. Los juzgados, con quienes se pusieron en contacto a través de los abogados del centro, tampoco les han dado información alguna. Martínez desconocía ayer cuántos padres pusieron la denuncia contra el monitor y reconoció que muchas familias llamaron ayer al club y se acercaron a las instalaciones conmocionadas por el arresto del joven monitor.
Ése fue el caso de la abuela de uno de los pequeños que había participado en los cursos de futbito, y que llegaba ayer muy preocupada al Kai Eder. Desde Alicante, su hija le había llamado para que se informara de lo ocurrido. «Mi hija me ha dicho que mi nieto está bien. Lleva muchos años con este chico de monitor y nunca ha tenido problemas con él», comentó.
Poco pudieron averiguar las familias. El presidente del centro aseguró que no había detectado ningún comportamiento sospechoso en el acusado. Es más, ayer defendía abiertamente la «honradez» del joven. «Ahora mismo lo recibiríamos aquí sin ningún problema -afirmaba visiblemente alterado- porque nunca un padre nos ha transmitido ni una queja de él».
Sospechas
La madre de uno de los niños a los que entrenaba el detenido apoyó esta opinión. Relató que su hijo ha pasado con él toda la niñez «desde los 8 a los 14 años» y nunca ha tenido problemas. Añadió que A.P. S. muestra un gran interés por preparar actividades especiales todos los veranos y organizar juegos y campeonatos para los pequeños.
Cuatro jóvenes socios, uno de ellos monitor y compañero de trabajo, declaraba ayer desde la terraza cubierta del Kai Eder que conocían bien al detenido y les resultaba «extraña» su actitud. «No tenía amigos de su edad, siempre estaba rodeado de los niños del club de aquí para allá, todos los días». Aseguraban que la noticia no les había pillado por sorpresa.
Los rumores y comentarios sobre la detención del monitor deportivo circularon durante todo el día por el pueblo. Las opiniones se dividían entre los que creían en su inocencia y afirmaban que alguien «tan sano y colega de los críos» no podía haberles hecho ningún daño, y quienes se mostraban extrañados por su 'relación especial' con los menores. Había incluso quien apuntaba que se le expulsó de un club de fútbol de la zona. Los responsables de esta entidad deportiva declinaron ayer hacer comentario alguno.