De vez en cuando ocurren milagros en el cine español. Pere Portabella (Figueres, 1929) recuerda que a la rueda de prensa de su última película estrenada en los cines, 'Pont de Varsovia' (1989), no fue ni un periodista. «Claro que tampoco la vio nadie». Hoy se puede disfrutar en la cartelera de Madrid y Barcelona. Y no sólo eso. 'Vampir-Cuadecuc' (1970), uno de los títulos malditos por excelencia de su carrera, un filme clave en la historia de nuestro cine, inédito hasta ahora, llegará a las salas la próxima semana.
Hace 38 años, el régimen franquista no le dejó estrenar esta cinta experimental sin, en apariencia, contenido político. El MoMA neoyorquino organizó entonces una proyección e invitó a su autor. Pero las autoridades le retiraron el pasaporte. «Hoy suena a Edad Media, pero era un delincuente político: si abandonaba el país me metían en la cárcel de inmediato. Curiosamente, en Estados Unidos no han parado desde entonces de promocionar la película».
Las trabas de la censura no le impidieron a Portabella desarrollar una labor ejemplar con la radicalidad ética y estética como bandera. Produjo títulos fundamentales del cine español -'Viridiana', de Luis Buñuel; 'Los golfos', de Carlos Saura- que le llevaron a ser excomulgado por el Vaticano; se inventó la Escuela de Barcelona y vivió el hedonismo de la 'gauche divine'; fue senador y participó en la comisión redactora de la Constitución.
Cuatro décadas después, el director catalán pondrá, al fin, 'Vampir-Cuadecuc' a disposición del público. «Siento una enorme satisfacción. Es una película que ha estado en universidades y museos, pero yo, ante todo, soy un cineasta. Por eso me alegro de que las salas le abran sus puertas. Hoy la actitud de los espectadores ha cambiado mucho. Entienden de muchas disciplinas, incluidas las nuevas tecnologías. Demandan algo distinto, y eso me favorece».
Portabella inventó en 1970 el 'making of'. Se plantó en el rodaje de 'El conde Drácula', de Jesús Franco, y siguió con su cámara el proceso de filmación. Reventó los trucos técnicos -desde cómo se elaboran las telarañas a las criptas de cartón-piedra- y capturó la magia de los actores fuera de cámara. «Jess Franco rodó una película y yo otra. Él tenía su vampiro, Christopher Lee, y al mismo tiempo estaba siendo vampirizado por otro realizador, que era yo».
Experimental
Sin embargo, 'Vampir-Cuadecuc' va mucho más allá del documental promocional. Su director se las arregló para que el espectador siguiera algo así como otra versión del clásico de Bram Stoker, con homenajes al 'Nosferatu' de Murnau y 'El vampiro', de Dreyer. Rodó la cinta muda y después añadió una banda de sonido diseñada por Carles Santos sin nada que ver con las imágenes. A Portabella no le gusta el término 'experimental'.
«Cuando un científico crea la aspirina, nadie lo llama experimento, simplemente la gente la compra. La palabra tiene connotaciones peyorativas, es un aviso a navegantes para decir que eso no es cine. Claro que como ahora la mayoría de películas que se hacen son para adolescentes con final feliz incluido...».