La comisaría de la Ertzaintza en Getxo recuerda a un palacio, aunque muy viejo. La Casa San Ignacio que acoge la sede policial desde hace más de 20 años es una de las escasas muestras de palacete con torreón rematado en cúpula. Obra del arquitecto José María Basterra, fue construida en 1880 y está catalogada como edificio protegido por su valor histórico y cultural. Pero, según los agentes que trabajan en ella, presenta un «grave deterioro». La sala en la que celebran cada día los 'briefings' -reuniones al estilo americano de la serie televisiva 'Canción triste de Hill Street'- está «apuntalada» por problemas estructurales y en la cocina que utilizan los fines de semana para comer les han llegado a caer «hormigas del techo».
Lo más «escandaloso» para ellos, sin embargo, es que carecen de vestuarios. Tienen que cambiarse desde hace dos décadas en unos «barracones de obra provisionales» que se instalaron en el exterior de la comisaría y que no cumplen con la normativa de riesgos laborales. Los sindicatos, entre ellos Erne y SiPE, han denunciado esta situación ante el comité de seguridad y salud laboral y la Inspección de Trabajo, que ha dado al Departamento de Interior seis meses para que ponga una solución. Durante una visita al centro policial, una inspectora detectó «notables deficiencias estructurales y ergonómicas», y elaboró un informe en el que instaba a la consejería a corregirlas en menos de «seis meses».
El plazo venció el pasado abril, pero los problemas siguen intactos: Las salidas de emergencia no funcionan, las taquillas aún son únicas -los agentes deben meter en el mismo armario la ropa de calle y el uniforme o las botas-. El espacio resulta insuficiente para que se cambien cada día 90 erztainas, 25 por turno. Sólo tienen cuatro duchas en los vestuarios masculinos y dos en los femeninos, y dos retretes.
Linternas y coches
Los representantes sindicales temen que cualquier día la comisaría «se les caiga encima». «A una familia no se le permitiría vivir ahí. ¿Cómo el Departamento de Interior puede mantener un centro de trabajo en unos barracones de obra incumpliendo la legalidad durante 20 años?», se preguntan. Interior, por su parte, asegura que tiene «previsto realizar una reforma de la comisaría», pero «aún no hay una fecha establecida».
La falta de transparencia respecto al futuro de la sede policial ha alimentado los rumores. Después de que se descartara una posible unificación de las comisarías de Getxo y Erandio, en los últimos tiempos se escucha que el palacio va a ser demolido para construir una verdadera comisaría sobre su suelo, una hipótesis poco probable ya que se trata de un inmueble protegido. Fuentes sindicales sostienen que la solución pasa por reformar la comisaría por dentro e, incluso, habilitar alguna planta subterránea.
Erne crítica que lleven «dos años con esas promesas» y exige «el inmediato comienzo de las obras, que según el departamento ya están presupuestadas». La central apuesta por que la comisaría se mantenga en el mismo emplazamiento. Una mudanza a Erandio supondría una pérdida de «funcionalidad» y de «cercanía al ciudadano».
Pero las quejas de los ertzainas van más allá. Respecto al material, aseguran que no tienen linternas suficientes y que «en los coches blindados entra agua». En los últimos meses, los agentes destinados en la localidad costera se han situado en el centro de la amenaza terrorista, especialmente después de la desarticulación del 'comando Vizcaya', que tenía planes para atentar contra un furgón de ertzainas de Getxo en las fiestas del Puerto Viejo. Los ánimos están caldeados en Getxo y los afectados creen que su seguridad no está garantizada.
La plantilla está formada por 215 personas, según la relación de puesto de trabajo, aunque está cifra es sensiblemente inferior, de 198 si se restan los agentes destinados a escolta, las bajas y las vacaciones, según informa el sindicato Erne. El absentismo laboral rondaba en 2007 el 16%. El personal, a su juicio, resulta insuficiente -al igual que en muchas otras comisarías, como la de Bilbao-, sobre todo en lo referente a labores de seguridad ciudadana. Los agentes protestan por que sólo les permitan patrullar «un 20% de la jornada». El resto lo dedican a realizar lo que se conoce en el argot como 'plantones', vigilancias de sedes políticas, bancos, metro...