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El nuevo jugador del Milan se sincera en una entrevista y reconoce que los últimos cinco meses en el Barcelona fueron «los peores» de su vida

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El calvario de Ronaldinho
Ronaldinho ya está en China y aspira a ganar el oro olímpico con la selección de Brasil. / REUTERS
Ronaldinho trabaja la sonrisa en Italia. La perdió a medio camino entre el terreno de juego y los tambores de la noche; los mismos que solía tocar en fiestas interminables protegido con una máscara. El rostro oculto del rey destronado. Fisuras de evasión. Un par de años antes, cuando convertía el agua en vino, un diario barcelonés tituló en portada: 'Eres nuestro Dios'. Pero el brasileño descendió del Olimpo y se volvió mortal. Sin poderes. Sin magia. Si le pinchaban, sangraba. Dejó de interesar. El Barcelona empezó a preparar la 'operación salida' y el Milan le abrió la puerta, previo pago de 20 millones de euros. Ayer, en una entrevista concedida a 'La Gazzeta dello Sport', el jugador admitió que los «cinco últimos meses han sido los peores de mi vida». Confesión como catarsis.
Ronaldinho habló de su juego, de su familia, de las verdades y mentiras, de sus noches de fiesta, de lo gran profesional que es, de que recuperará la sonrisa, la alegría... Una versión mejorada en rojo y negro. «Lo único que podía hacer en los últimos cinco meses era ver la televisión. Cuanto más miraba los partidos sentado en el sillón, más triste me ponía». Puntualiza que jamás había estado tanto tiempo parado por culpa de una «lesión» -los servicios médicos del Barça no llegaron a ponerse de acuerdo acerca de sus problemas físicos-. «No sabía qué hacer para ponerle remedio».
En los momentos de crisis, alejado del 'verde' y objeto de numerosas críticas por su vida extradeportiva -los rumores por sus coqueteos con el alcohol eran constantes-, Ronaldinho se refugió en la comprensión de su familia. La fortaleza de la fe. «Me han protegido y me han dado fuerza», manifestó a 'La Gazzeta dello Sport'. «Las maldades -prosiguió- no se limitaron sólo a mi persona, sino que alcanzaron también a mi hermano -Roberto de Assis, su representante-. Se llegó a decir que estaba conmigo por dinero. Una mentira fabricada con mala intención».
«Un profesional serio»
Mientras hacía malabarismos con la pelota y ponía de pie al Santiago Bernabéu, que le regaló un sincero aplauso después de una jugada de ensueño, a nadie le molestaba verle salir por la noche. 'Eres nuestro Dios', recordaban los periódicos. No importaban las fiestas; el '10' se salía. Pero cuando su fútbol se secó, engullido por el desagüe de la rumorología, la afición tardó poco en echarle a los leones. Pulgar hacia abajo. «Cuando estoy de vacaciones hago lo que quiero», precisó ayer. Durante la temporada me comporto como un profesional serio. No fallo nunca».
El brasileño sostiene que sus ratos de ocio se han entendido mal. «Cuando acaban mis obligaciones como futbolista me siento libre. Siempre doy lo máximo, pero al terminar la preparación me gusta vivir la vida». Jamás llegó a entender las críticas, el cambio de criterio a la hora de enjuiciar su comportamiento. «Durante un tiempo era un ejemplo para todos y luego era como Maradona cuando estaba en el centro de las polémicas».
Ronaldinho ya está en Pekín para disputar los Juegos con Brasil. «Quiero lograr algo histórico, el oro olímpico, que me haría extremadamente feliz». Se llevó uno de sus tambores a China. Música como medicina. Nada de máscaras.
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