La polémica reforma de los modelos lingúísticos ha acabado por distanciar a EA y al PNV. Este último partido ha exigido a su socio en el Gobierno vasco, que controla Educación, una flexibilización del anteproyecto de ley elaborado por el departamento de Tontxu Campos, en un intento de lograr un mayoría suficiente en el Parlamento para sacarlo adelante. El planteamiento original, que prioriza el euskera como la lengua principal en la escuela y supone en la práctica la desaparición de la enseñanza en castellano, no cuenta con el total respaldo del partido jeltzale, que propone una implantación paulatina del nuevo sistema y su adecuación a la realidad sociolingüística de cada zona. El desmarque peneuvista deja a Eusko Alkartasuna aislada en la defensa de su modelo de inmersión lingüística, contra el que PSE y PP se han manifestado abiertamente.
El Departamento de Educación mantiene su intención de sacar adelante antes de que acabe el año la reforma legislativa que supondrá la desaparición de los tres modelos lingüísticos -A, en castellano, B, bilingüe, y D, íntegramente en euskera-, un cuarto de siglo después de ser implantado con el apoyo unánime del arco parlamentario vasco. Precisamente, la falta de consenso que ha lastrado el proyecto -y que dejaba su aprobación en manos de EHAK- fue la que llevó a los responsables de la consejería a iniciar el pasado mes de julio una ronda de contactos informales con todos los partidos de cara a recabar apoyos.
Reuniones
En esas reuniones, a las que también fue convocado el PNV, las autoridades educativas expresaron su intención de «suavizar» la propuesta inicial hasta el punto de plantear, incluso, «un modelo trilingüe», en sintonía con los planteamientos formulados desde el PSE. «Se trató de un encuentro informal en el que no se nos entregó ninguna propuesta por escrito. Pero lo cierto es que el nuevo planteamiento se parecía mucho al que nosotros hemos formulado», confirmó la parlamentaria Isabel Celaá. Los socialistas apuestan por un modelo que garantice el aprendizaje de las dos lenguas oficiales sin renunciar al inglés.
Ese nuevo enfoque de la reforma responde, de hecho, a las presiones ejercidas por el PNV, que siempre ha mantenido una posición más moderada que su socio de Gobierno en este asunto. La formación jeltzale es partidaria de acercar posturas con el PSE y PP y recuperar el consenso que presidió la ley que sostiene los actuales modelos lingüísticos. Sus planteamientos son más cercanos al espíritu de la ponencia del Consejo Asesor del Euskera, un organismo dependiente del Departamento de Cultura -en manos del PNV-, que alertaba de los riesgos de imponer un idioma y abogaba por un acuerdo «social, político y cultural» como único modo de potenciar el uso de la lengua vasca frente a la vía del decreto sin consenso, como pretende la consejería. También el Consejo Escolar de Euskadi consideró «excesivas» las metas lingüísticas que pretendían fijar los responsables educativos.
Fuentes del PNV y de EA confirmaron que ambas formaciones están inmersas en un proceso de negociación para consensuar un texto que recabe un mayor consenso parlamentario en un asunto tan sensible como la enseñanza, sobre todo con el PSE, que ya ha advertido de la «ilegalidad» que supone reformar «de facto» el actual marco legal a través de un decreto y «con el apoyo exclusivo del nacionalismo».
A pesar de sus reticencias, responsables de la formación jeltzale se mostraron «convencidos de que llegaremos a un acuerdo en septiembre». En similares términos se expresaron las fuentes consultadas de EA, que aseguraron que la redacción del anteproyecto es un asunto «encarrilado». «Todos los sectores y agentes implicados están de acuerdo en la esencia de la reforma», resaltaron.