Indignación. Muestras de rechazo. Ofrendas florales a las víctimas del terrorismo. Lágrimas. Nunca antes la excarcelación de un preso de ETA registró la repercusión social que ayer logró Iñaki de Juana Chaos al salir de la prisión de Aranjuez después de cumplir 21 años de reclusión por su participación en 25 asesinatos. El propio ex jefe del 'comando Madrid', sentenciado en total a 3.000 años de cárcel, renunció al homenaje que la izquierda abertzale le había organizado en la Parte Vieja de San Sebastián para evitar un «circo mediático» y por «seguridad», y decidió refugiarse en un lugar anónimo en compañía de su mujer, Irati Aranzabal.
Las víctimas, en cambio, sí asistieron a concentraciones. Se manifestaron en Madrid, la capital donostiarra y otras ciudades como Barcelona, Logroño y Ávila para protestar contra la liberación y pedir reformas legales que prohíban a los ex convictos de ETA residir cerca de los damnificados por la violencia terrorista, como ocurrirá en este caso. La presencia en alguans de ellas de familiares de personas asesinadas por De Juana embriagó de emoción algunos de esos actos.
Detenido en enero de 1987 tras una sanguinaria carrera en ETA, De Juana Chaos dejó el presidio a las 7.20 horas de ayer. Por su propio pie. Sin signos notables de deterioro físico, pese a la huelga de hambre que dice haber mantenido desde el pasado día 16 para protestar por una investigación sobre sus bienes y la vivienda en la que estará domiciliado a partir de ahora, propiedad de su pareja. Vestido con un polo blanco y pantalones de montaña beiges, abandonó el centro penitenciario cogido de la mano de Irati Aranzabal.
Sonrisa irónica
Por delante caminaban sus abogados, Álvaro Reizabal y la dirigente de la izquierda abertzale Jone Goirizelaia, quien afirmó que su cliente estaba «bien», aunque «un poco bajo» por el ayuno. Los cuatro se subieron a un todoterreno 'Toyota RAV4' de color oscuro. Tras abrocharse los cinturones de seguridad, se fueron con Reizabal al volante.
El ex recluso atravesó en silencio los escasos diez metros que separaban el módulo de salida de la cárcel yel coche, con cara de circunstancias y sin apenas dirigir su mirada hacia las decenas de cámaras fotográficas y de televisión que permanecieron toda la noche de guardia. Sus primeras muestras de alegría, incluida una sonrisa irónica dirigida a los informadores, se pudieron ver cuando el matrimonio se colocó en la parte trasera del turismo.
La excarcelación se produjo casi en la intimidad, ya que, como medida de precaución, la Guardia Civil amplió el perímetro de seguridad desde las cinco de la mañana. El autobús y los coches del movimiento de apoyo a los presos de ETA que intentaron recibir a De Juana en la puerta de la cárcel fueron bloqueados en los controles policiales sin lograr su objetivo, según denunció Askatasuna. Tampoco aparecieron manifestantes de ultraderecha.
El etarra tenía intención de dirigirse a la que era la casa de su madre en el centro de San Sebastián, y que compró su esposa hace un año. La polémica generada al conocerse que va a residir en una calle en la que habitan varias víctimas de ETA y la expectación mediática le hicieron cambiar de idea y se dirigió a otra localidad, aunque algunas fuentes señalaban anoche que podría haberse dirigido a una zona diferente de la capital donostiarra. Según afirmó a través de un escrito que entregó a personas de su confianza en el área de servicio de Pagozelai (Navarra), permanecerá alejado «durante un tiempo» ante la «presión» que sufren él y su familia.
Con esta decisión, frustró los planes del movimiento pro amnistía, que le había organizado un recibimiento clandestino para el mediodía. Los promotores conminaron a los periodistas a abandonar un tramo de la calle Juan de Bilbao, de la Parte Vieja, tras advertirles de que era «un homenaje privado a una persona» y que estarían «mejor fuera». Acotaron ese sector con sendas pancartas en las que se podía leer 'Ongi etorri Iñaki' (Bienvenido Iñaki). Los informadores abandonaron la calle seguidos por media docena de individuos, que crearon cordones a cada extremo, impidiendo el paso a los turistas y a todo aquél que portara cámaras. Más tarde, una joven leyó la carta escrita por De Juana en la que excusaba su ausencia por motivos de «seguridad» y de «salud».
Durante su estancia en prisión, el ex dirigente del 'comando Madrid' se jactó de algunos de los atentados más crueles de ETA. En 1998, tras el asesinato del edil en Sevilla Alberto Jiménez Becerril y su esposa, Ascensión García, el ex preso escribió: «Me encanta ver la cara desencajada de los familiares en los funerales. En la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas». Ayer, él mismo llegó a autocalificarse como una «víctima» del «estado de excepción» en la carta a sus correligionarios.
Prácticamente al mismo tiempo que se organizaba el homenaje a De Juana Chaos, más de doscientas víctimas del terrorismo se concentraban en la plaza de la República Dominicana de Madrid, donde el ex preso cometió su acción más sanguinaria, con el asesinato de 12 guardias civiles en julio de 1986. La AVT, convocante del acto, en el que se oyeron algunos gritos contra Zapatero, consideró que el Gobierno podía haber hecho «algo más» respecto a la excarcelación. Los asistentes depositaron 25 ramos de flores, uno por cada una de las víctimas mortales del ex convicto, ante el monumento a los damnificados del terrorismo.
«Me siento como el primer momento en que me dijeron lo de mi hijo, jamás le perdonaré», señaló la madre de uno de los asesinados en aquel ataque. Manuela Lancharro, la hermana de Antonio Lancharro, otra víctima mortal de aquella bomba, afirmó que su salida de la cárcel es «como otro atentado». «Me sangraba el alma», añadió, antes de señalar que renunció a ver las imágenes de la excarcelación porque era «superior» a sus fuerzas.
Tampoco ha visto esas imágenes Hortensia Gómez, madre de Alberto Amancio Alonso, guardia civil asesinado por De Juana Chaos en la calle Juan Bravo de Madrid en 1986, aunque ha oído «por la radio» que su salida de la cárcel ha tenido lugar sobre las 7.30 de la mañana, «la misma hora a la que mató a mi hijo». Una cuarta damnificada aseguró que lo ocurrido suponía «otra carcajada en la cara de las víctimas».
Varias decenas de personas estuvieron también en la concentración convocada en los Jardines de Alderdi Eder de San Sebastián, en la que participó Covite, para exigir que acabe «la impunidad de los terroristas». La vicepresidenta de Dignidad y Justicia, Sonsoles Arroyo, expresó el compromiso de «seguir luchando para que paguen lo que es justo, recuperando la calle y se lo exigiremos a jueces, legisladores y esa parte de la sociedad vasca pusilánime que mira a otro lado».