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Política

Polémica De Juana Chaos sale de la cárcel

Tres supervivientes de la bomba que costó la vida a doce guardias civiles en 1986 confiesan que la excarcelación del ex jefe del 'comando Madrid', que dirigió el atentado, ha agravado sus secuelas
03.08.08 -

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Ayer fue un día duro para José Antonio, Manuel y J.A.A. La excarcelación de Iñaki de Juana Chaos les duele no sólo porque la consideran «injusta», sino porque les ha obligado a recordar. A removerse por dentro al pensar en ese 14 de julio de 1986 en la plaza de la República Dominicana de Madrid, donde una camioneta bomba, repleta de metralla, reventó al paso del autobús en el que viajaban, en compañía de otros cuarenta guardias civiles en prácticas. Eran unos críos, veinteañeros, que acudían a realizar el curso de motocicleta, pues lo suyo era y es el tráfico. Murieron doce personas y decenas quedaron malheridas para siempre. Fue el atentado más sobrecogedor por el que fue condenado el etarra, cuyo historial de sangre recoge 25 asesinatos. Aunque ellos tres sobrevivieron, llevan desde entonces «guerreando con las secuelas» psicológicas de aquella barbarie. Atormentados.
En el corazón de las tinieblas, su horror es casi diario, y más ahora que saben que quien les quiso matar está en la calle. A pesar de que ya han pasado 22 años de aquel atentado de ETA, la imagen de Iñaki de Juana Chaos y las noticias sobre él -la liberación y antes su huelga de hambre- llevan la inquietud hasta sus víctimas. Otra vez «a dormir mal, las pesadillas», repasa José Antonio Marco, de 41 años y destinado en Alicante. «A veces ese recuerdo se despierta dentro de ti y revives el terror. Te amarga. Te hace recordar todo y hay momentos muy duros...».
Oscuridad, sangre y humo
Ese lunes 14 de julio de 1986 los tres protagonistas de esta historia se despertaron en la academia-residencia que la Guardia Civil tiene en el parque de automovilismo de Madrid. Iban para agentes de tráfico y, para ello, tenían que desplazarse hasta Ventalarrubia, en Campamento, donde realizaban las prácticas con la motocicleta. Desayunaron y bajaron a coger el autobús, en el que ocupaban los puestos por orden de llegada. Al azar. El vehículo, con más de 40 alumnos a bordo, arrancó camino de su destino. Era un día soleado.
J.A.A., hoy con 43 años y agente en Zamora, estaba encantado de la vida. Recién casado, el fin de semana lo había disfrutado en casa y ese día se reencontraba con sus compañeros, chavales de 20 a 23 años la mayoría. La vida cambió para siempre cuando el autobús enfiló hacia República Dominicana. «Al entrar en la plaza se hizo el silencio. No sé por qué. Oímos una detonación. De un día soleado pasamos a oscuridad, sangre y humo. Mi compañero de al lado estaba destrozado. Ya no sé ni quién era. Aparecí en mitad de la plaza, tampoco sé ni cómo llegué. Un coche privado me llevó al hospital de La Paz». J.A.A., entonces con 21 años, tenía cristales clavados en la cabeza y los tímpanos destrozados -ha perdido el 60% de capacidad de su oído derecho-.
El autobús recibió el impacto de la explosión en la parte de atrás, pero eso no evitó que todo el pasaje resultara afectado. Los terroristas habían cargado de metralla la furgoneta 'Saba' que hizo de bomba, lo que multiplicó las heridas.
José Antonio Marco, entre tanta destrucción, jamás olvidará lo que se encontró, muestra de la brutalidad del 'comando Madrid'. «Había eslabones de cadena cortados. Sólo de recordarlo se me ponen los pelos de punta». Le tiembla la voz. «Los terroristas se tomaron su tiempo preparando la metralla. Querían cargarse a todos los que íbamos en el autobús». José Antonio sufrió perforación de tímpanos y múltiples lesiones por la rotura de cristales y trozos de chapa del mismo autocar. Un tornillo de la metralla despedido por la deflagración le pasó cerca e impactó en la cabeza de su compañero de asiento, que salvó la vida milagrosamente.
No hay consuelo
Manuel Mata, destinado en Murcia, tenía entonces 20 años. Él estuvo 14 días de baja, pero el lastre psicológico continúa. Hace dos años, con motivo del vigésimo aniversario del atentado, se reunieron en Madrid unos cuantos compañeros de ese autobús. «Nos vino bien, cambiamos impresiones y vimos cómo estábamos. Cada uno lo ha llevado como ha podido, pero todos hemos guerreado con las mismas secuelas».
No hay consuelo para ellos. Pese a que De Juana ha cumplido ya su condena -21 años de prisión-, en aplicación del antiguo Código Penal y por la acumulación de beneficios penitenciarios para la redención de pena, los tres supervivientes juzgan «indigna» su salida de la cárcel. «Es que no sale ni a un año por asesinato», se queja Manuel, quien acusa al Gobierno de haberle dado «un trato de favor».
Con el veterano etarra otra vez en el primer plano de sus vidas, la ansiedad para ellos se hace más acusada que de costumbre; nunca han logrado desembarazarse por completo del trauma. Manuel ha pasado a la reserva en la Guardia Civil hace sólo dos meses, al reconocerse su situación médica: baja postraumática a raíz del atentado. El tormento sigue, 22 años después.
También para J.A.A.. Como sus compañeros, intenta remontar con la ayuda de su familia, pero a veces la comprensión sólo se encuentra en el dolor compartido con otras víctimas. «Quedo periódicamente con otros supervivientes del atentado y el tema siempre surge al final, los recuerdos. Es mejor hablarlo con quien lo ha sufrido porque te entiendes con la mirada», relata este agente, que prefiere mantener el anonimato dentro de la institución militar.
J.A.A. vive «mal» la excarcelación del antiguo integrante del 'comando Madrid'. «Estoy defraudado con los políticos porque no cambian las leyes para que De Juana cumpla lo que se merece realmente. ¿Para mí?...Cadena perpetua. Es una injusticia que salga ya. No está arrepentido, sólo hay que verle cómo se ríe de nosotros. Volverá a matar».
Este guardia de Tráfico se ha visto obligado a poner pie en tierra. Hace diez meses accedió a la baja psicológica, «tras una mala temporada cuando se hablaba de la huelga de hambre» de De Juana Chaos. De nuevo, él. «No aguantaba más. Tenía conflictos familiares, profesionales. No estaba... Sentía ahogo, molestia, nerviosismo». En ocasiones, cuando atendía accidentes con coches incendiados y víctimas en su interior, se tenía que apartar. Demasiados recuerdos. Al igual que sus dos compañeros, J.A.A. sabe que puede ser optimista pues con poco más de 40 años tiene toda una vida por delante. Lo reconoce, pero no muy convencido.
«Intenté olvidar»
José Antonio también ha tenido que dejar la motocicleta aparcada para intentar salir del bache. Él optó por tratar de pasar página, pero se equivocó. «Me junto muy poco con otros supervivientes. Es que yo intenté olvidar. Evitar los recuerdos para protegerme, evitar a la gente. El psiquiatra me dice que eso es un error. Pero es que esto sólo lo puedes hablar con los compañeros. Incluso la familia no puede sentir lo mismo que quienes hemos pasado por este drama».
El horror ha vuelto. «De Juana no debería salir de la cárcel. Pido justicia al Gobierno. Me tengo que refugiar en ella. Este asesino mató a 25 personas y sólo ha cumplido 21 años».
José Antonio está de baja desde hace dos años. «De baja psicológica. Esto va contigo durante toda la vida. Hasta que me muera lo llevaré dentro». El agente, alicantino, a veces no puede ir ni a la playa porque siente pánico a una explosión. No se siente seguro ante la amenaza de ETA, que ha golpeado varias localidades costeras del mediterráneo en los últimos años en su campaña de verano contra intereses turísticos. Entonces, le da por buscar refugio dentro de su casa.
Pero José Antonio Marco quiere echarle valor -esa es una de las razones por las que admite que se publique su nombre-. «Cuesta enfrentarse a ello. Sé que está suelto. Y me pregunto: ¿Y si te lo encuentras de cara? Me podría encontrar con él en Madrid, en Atocha, en Chamartín. Seguro que el que se esconde soy yo y no él. ¡Qué vergüenza! Soy una víctima y parece que tenga que ocultarme. Pues no. No lo haré».
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