Alberto Zerain no olvidará el día en que coronó su sexto 'ochomil'. No sólo porque pudo ver la inmensidad del Karakorum desde la cima del K2 (8.611 metros), sino porque lo hizo en la que puede ser una de las jornadas más trágicas de la historia reciente del montañismo. El escalador vitoriano remató la ruta clásica de los 'Abruzzos' en su variante vasca a las tres de la tarde de anteayer -horario pakistaní y cuatro horas menos en España- en un preludio heroico antes del drama que se ensañaría con el resto de expediciones que intentaron doblegar al segundo gigante más grande del mundo.
El K2 volvió a dar muestras de su bien ganada condición de montaña asesina, aunque esta vez lo hizo con una furia inusitada. Según las estimaciones que se barajaban a última hora de ayer en los campos de refugio del K2 y del vecino 'Broad Peak', once personas entre montañeros, 'sherpas' y porteadores perdieron la vida y un total de seis se encuentran en paradero desconocido. Expediciones llegadas desde puntos tan distantes como Serbia, Holanda, Corea o Dinamarca, entre otras nacionalidades, se vieron golpeadas de manera cruel por la saña del que, para los entendidos, es el más peligroso de todos los 'ochomiles'.
Pero no fue por casualidad que Alberto Zerain saliera indemne de una jornada aciaga. Su conocimiento de la montaña, el dominio de las propias fuerzas y un carácter previsor ayudaron tanto o más que la suerte. Muchos consideran al escalador vitoriano una auténtica locomotora de las cumbres, pero su cabeza fría le permitió en esta ocasión evitar riesgos innecesarios y cumplir los plazos estrictos en una ascensión de complejidad máxima.
Trampa
A las diez de la noche del jueves, siempre hora local, Zerain inició el ataque a cumbre desde el campo III, situado a 7.400 metros. Era el momento propicio ante las buenas previsiones meteorológicas. Más madrugador que el resto, sin apoyo de oxígeno y en solitario, el alavés fue el primero en abrir huella hacia la cumbre. A través de la ruta tradicional de los 'Abruzzos', alcanzó el punto crítico de la ascensión, el denominado 'cuello de botella', una auténtica trampa situada a poco más de 8.200 metros. Ahí, el 'camino' se estrecha y la montaña se pliega en una cresta cuya ascensión entraña innumerables riesgos. El más palpable es el de las avalanchas de nieve. Superado el trance, Zerain alcanzó la cima a las tres de la tarde del viernes, una hora prudencial para planificar después el complejo descenso. En el trayecto de vuelta, se cruzó con el resto de expediciones, con un sensible retraso respecto a los cánones recomendables. El tráfico poblado de montañeros en dirección a la cima en el 'cuello de botella' hizo a Zerain presentir que las próximas horas podrían ser complicadas para muchos.
No lo fueron para él. A las seis de la tarde, ya estaba al resguardo de su saco de vuelta en el campo III. Más arriba, las expediciones rezagadas coronaban el K2 pasadas las ocho de la tarde, con la oscuridad y el frío ya encima y abocadas a un descenso de peligrosidad suprema. En este tránsito la tragedia se desató y a los expedicionarios que sucedieron a Zerain les sorprendió una avalancha en pleno 'cuello de botella'.
Fue el punto de partida a una noche angustiosa. Los contactos telefónicos entre los afectados y sus cuarteles generales situados en los campamentos bases se sucedieron de forma incansable. Las páginas 'webs' de las diversas expediciones comenzaron a verter crónicas de alcance sobre montañeros cuyo paradero se desconocía o con los que se encontraban localizables, pero con graves problemas físicos y aquejados de principios de congelación. Los partes confusos y los relatos contradictorios dieron paso a una sensación creciente de que el horror se iba apoderando del K2.
Incertidumbre
Compañeros de cordada de Zerain en el Karakorum, Alfredo García y Aitor Las Hayas, conocieron a primera hora de ayer los primeros datos de la tragedia en el K2 tras llegar al campo base del Broad Peak. De inmediato, cundió la preocupación por su compañero. «Entonces, ya se había hecho el recuento de cuatro muertos y en los listados de posibles desaparecidos que manejaban las expediciones no aparecía Alberto», rememoraba ayer Las Hayas. La incertidumbre terminó cuando Zerain alcanzó el campo base del K2 y pudo dar fe a través del teléfono de que había descendido sin problemas. Pudo desprenderse de todo su material de escalada, una mochila de veinte kilos de peso, basura incluida, para comenzar a paladear la consecución de su sexto 'ochomil'.
Pero de inmediato, el regusto por la ascensión comenzó a adquirir amargura al conocer los primeros detalles de los desgraciados sucesos. El drama fue tomando forma durante toda la jornada de ayer. Las horas iban confirmando los primeros nombres de las víctimas y desaparecidos. Y entre los montañeros congregados en el Karakorum se teme que en las próximas horas la cifra de muertos pueda aumentar.