Alberto Zerain partió al Karakorum con el ambicioso objetivo de de escalar de forma consecutiva el 'Broad Peak' y el K2. El primero se le resistió, pero poder pisar la cima del segundo colma todas las aspiraciones del vitoriano. «El K2 tiene un sabor especial. Estoy muy contento porque creo que he estado a la altura de lo que exigía la montaña. En el intento al Broad Peak, en cuanto me empezó a doler la cabeza me bajé, que es lo que hay que hacer siempre. Ahora, me he sentido pletórico, con muchas fuerzas», relataba ayer tarde el montañero mientras completaba tránsito al campo base del Broad Peak. En plena digestión de la hazaña, aún se pellizcaba por si acaso. «La verdad es que me he visto muy fuerte subiendo y ahora me encuentro muy bien, dadas las circunstancias. No me lo creo ni yo».
Pero el orgullo por el logro conseguido quedó inflamado por la magnitud de la tragedia acontecida en el K2. Zerain se cruzó con muchos expedicionarios que ambicionaban la cima cuando él ya afrontaba el camino de vuelta y no esconde su opinión. A su juicio, hubo un componente de temeridad en muchas expediciones al afrontar el ataque a cumbre tan avanzada la tarde. «Lo cierto es que el día era muy bueno, pero igual hay mucha obsesión por subir y luego no se piensa en el descenso. Cuando veía a tanta gente yendo hacia la cima me preguntaba: '¿Cómo bajarán?'».
El escalador alavés bien pudo alcanzar su objetivo antes de las tres de la tarde, pero la función de abrir huella y construir la ruta en solitario retrasó de forma lógica su intenso ritmo de subida. Porque en plena bajada, Zerain ya se percató claramente de que el estado de la nieve convertía el piso en una trampa inestable. Y tampoco ayudaba la superpoblación de montañeros en las estribaciones de un macizo tan traicionero como es el del K2.
Descenso peligroso»
«Yo que me suelo defender muy bien en las bajadas, noté que el descenso era muy peligroso y que había que andar con muchísimo cuidado», rememoraba ayer Zerain. La alegría también se mezclaba con la impotencia ante la imposibilidad de consolar a los que habían perdido a compañeros. «Me cuesta recordar algo de tanta magnitud en una montaña como lo que estamos viviendo».
Y a pesar de todo, el vitoriano no siente que la fortuna le haya echado un capote con su nombre ni que la montaña que más vidas se ha llevado decidiera amnistiarle. «Creo que en todo momento he tomado las decisiones acertadas, respetando lo que hay que hacer».