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03.08.08 -

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«En todas las tiendas hay alguien que tiene un compañero muerto o desaparecido». Aitor Las Hayas dibujaba una estampa estremecedora de los campamentos base del Karakorum, desde los que un buen número de expediciones han lanzado en los últimos días sus ataques a las cimas del Broad Peak y el K2. El primer recuento de fallecidos hizo que el luto y la consternación invadieran ayer las faldas de los dos 'ochomiles' y que se sucedieran los gestos de apoyo y solidaridad entre unos y otros. El trasiego de información era constante, quien disponía de teléfono o cualquier mecanismo de comunicación lo cedía a quien lo había extraviado para mandar un mensaje de tranquilidad a casa. La hazaña montañera de unos pocos quedaba en segundo plano ante un drama que azotaba a todos.
Hermanado con el dolor, el sentimiento de inquietud también tomaba la escena ante lo que pueda acontecer en las próximas horas. Los expedicionarios serbios lloraban a un componente de su grupo caído mientras los italianos intentaban gestionar la evacuación en helicóptero de Marco Confortola, con un brazo completamente congelado. El contingente coreano se resignaba con pesar a perder a dos de sus miembros, atrapados sin salida a más de 8.000 metros en el K2 y con severas congelaciones. La facción holandesa trataba de recabar información sobre la situación exacta de otros dos alpinistas que trataban de alcanzar la zona segura a base de vivaquear, con la temible perspectiva de tener que afrontar casi con toda seguridad una segunda noche al raso en las alturas.
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