Era la voz de Jacques Cousteau. No hace falta decir más. Un profesional como Rafael Taibo no se olvida. Así se explica que su lectura grabada de la Constitución española, artículo a artículo, se haya convertido en un 'best-seller' entre opositores y estudiantes de Derecho. En la librería del Tribunal Constitucional, no pasa desapercibida y ya los hay que sueñan con una versión del Código Civil o del Código Penal. «Confieso que no he oído el registro pero, en fin, debe haber quedado bien, ¿no?», pregunta de pasada. Son ya más de 50 años dedicado a la locución radiofónica -«por casualidad, para ganarme la vida»- que ha compaginado con el doblaje y la lectura dramatizada. Su primera vocación fue el Derecho pero el destino le llevó por otros derroteros. Y ahí sigue, con ese timbre cálido y cavernoso tan apropiado para hablar de corales, medusas y peces martillo.
-Usted fue uno de los pioneros de los audiolibros, allá por los años 70.
-Así es. Quise sacar 'Guerra y Paz', de Tolstoi, 'Novelas ejemplares', de Cervantes... Pero, nada, todo quedó en agua de borrajas. Seguramente me adelanté al tiempo. Aunque, bueno, confieso que no acabo de ver este producto afianzado en nuestro país.
-¿Cuál podría ser la razón?
-Sinceramente, no lo sé. No soy hombre de verdades absolutas. Tengo 72 años y ya estoy cansado... Aunque sí que recuerdo el éxito de las obras de teatro en la radio. La gente las seguía con muchísimo interés. Pero todo se acabó cuando llegaron en masa los periodistas. ¡Como lo oye! Ahora casi todo se ha reducido a noticias y tertulias varias. ¡Normal que se haya perdido el respeto al buen hablar! En fin, eso influye mucho. ¿Ya sabe usted dónde se habla mejor hoy en día?
-Pues no.
-En la zona norte y, sobre todo, en Euskadi. Me agrada mucho oír a los políticos vascos. Vocalizan muy bien y no suelen tener fallos gramaticales. ¿Sabe una cosa? Siempre he pensado que Arzalluz es uno de los hombres públicos que mejor habla español en nuestro país.
-¿Arzalluz?
-Sí, sí. Su español es muy, muy puro. Ojalá esa virtud no se pierda con las nuevas generaciones. Está bien reivindicar el euskera pero, por favor, que no olviden ese español tan soberbio que hablan sus mayores. De verdad que llaman la atención.