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Los usuarios del metro de Santutxu llevaban días advirtiendo de que Bilbao ya no se vacía en agosto, ni mucho menos su barrio, y que pagar el doble que el resto de viajeros por el mismo servicio era una afrenta inaceptable. El miércoles por la noche, el suburbano inició las obras de adaptación al quinto vagón que implicaban cortar el servicio entre Astrabudua y San Ignacio -hasta el lunes- y de Etxebarri a Abando -hasta el martes-. Más de medio millón de usuarios iban a tener que hacer transbordos en autobus, pero sólo los de Santutxu y Bolueta iban a pagar un sobreprecio por ello.
No se puede negar que no estuvieran sobre aviso. «Vamos a molestar», advirtió el director gerente de Metro Bilbao cuando anunció las obras. Pero nadie esperaba que fuese para tanto. Ya el jueves, en pleno día festivo, la parada de los 'bilbobuses' que enlazan Santutxu con el centro de Bilbao era un hervidero de quejas y las ventanillas del metro dispensaban hojas de reclamaciones a diestro y siniestro. Ayer, laborable para muchos, llegó el caos. Quizá el suburbano tuviera la mitad de usuarios que de costumbre -tal y como calculó el Consorcio de Transportes cuando diseñó el trazado de autobuses alternativos-, pero meter el creditrans en las canceladoras del '40' a media mañana, además de injusto, era toda una odisea.
Los chóferes no daban crédito al agolpamiento de viajeros y la Plaza Circular era un escenario de desconcierto en el que nadie sabía cómo apañárselas para llegar a su destino. «Lo único que tengo clarito es que voy a reclamarles hasta el último duro», exclamaba una viajera apiñada junto al parabrisas delantero del vehículo.
A media mañana, el panorama empezó a preocupar al Ayuntamiento y, ante la ausencia de respuesta por parte de Metro Bilbao o del Consorcio de Transportes, convocó una reunión de urgencia en la que el alcalde, Iñaki Azkuna, tomó dos decisiones: dejar de cobrar billete en las líneas 40 y 48, así como ampliar las frecuencias y el tamaño de las unidades que cubren esos servicios. En definitiva, ofrecer el trazado de lanzadera gratuita que el suburbano había dispuesto en todas las zonas afectadas menos en Santutxu.
«Hemos intentado hablar con Metro y no ha sido posible. Estamos en un puente malo», explicó Azkuna. Desde las dos y media, los conductores dejaron pasar sin pagar a todos los usuarios «porque era injusto que el resto tenga servicio gratuito y los nuestros no», concluyó el alcalde. «Entiendo el cabreo de los vecinos de Santutxu y hemos querido ser sensibles con ellos. Es una decisión justa que comporta pérdidas económicas asumibles por el Ayuntamiento», añadió Azkuna. Le acompañaban los responsables de Circulación y Transportes, Ibon Areso y Asier Abaunza.
Areso aseguró que no hubo contacto previo alguno entre el Ayuntamiento y Metro Bilbao. «Conocimos las obras como todo el mundo, por los medios de comunicación», confesó. «Quizá se podría haber llegado a algún acuerdo para establecer un dispositivo en Santutxu con Bilbobus», comentó Areso, «pero seguramente Metro Bilbao habrá tenido razones claras para no hacerlo. No se trata de poner 'a caldo' al metro», apostilló el alcalde. Los responsables municipales explicaron que «habrá beneficiados colaterales» por esta medida. «Era imposible técnicamente discriminar quién es usuario del metro y quién no».
No se plantean reclamar el coste de esta medida al suburbano «porque ha sido una decisión nuestra, unilateral», defendió Areso. Lo que el Ayuntamiento no resolverá es la ausencia de transporte nocturno a Santutxu, a donde no llega el Gautxori. Este fin de semana tampoco tendrá metro.
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