Después de treinta y dos años de investigación y treinta y seis naves enviadas al planeta rojo, la confirmación de la existencia de agua en Marte despeja definitivamente el horizonte para los planes de conquista del mundo que más se parece a la Tierra. El hombre viajará a Marte. Y lo hará para quedarse.
Aunque esperado, el descubrimiento realizado por la sonda 'Phoenix', que se posó en la región ártica del planeta rojo el pasado mes de mayo, puede ser considerado como el más importante de las últimas décadas. Durante las próximas semanas y hasta finales de septiembre, los instrumentos de la nave repetirán varias veces los análisis y tratarán, además, de determinar la consistencia y la extensión de la capa subterránea de hielo que hay a pocos centímetros bajo la superficie, y cuya dureza estuvo a punto de inutilizar el sofisticado brazo robótico de la sonda y hacer fracasar la misión entera.
Ante lo positivo de los resultados, la agencia espacial norteamericana ha decidido prolongar por lo menos un mes las actividades de la 'Phoenix', cuya misión principal habría tenido que terminar a finales de este mes. Las cinco semanas 'extra' (un plazo que probablemente volverá a ampliarse si el estado de salud de los instrumentos lo permite) se dedicarán a aprender todo lo posible sobre la hasta ahora esquiva agua marciana. La ampliación de la misión le sumará cerca de dos millones de dólares (1,2 millones de euros) al coste de 420 millones de dólares (269 millones de euros) de la 'Phoenix', que aterrizó el 25 de mayo en Marte y para la cual se tenía previsto una duración de tres meses.
Los científicos responsables del proyecto creen que el tiempo añadido será suficiente para realizar muchos de los análisis previstos. Entre ellos, dos nuevas zanjas realizadas por el brazo robótico y que ya han sido bautizadas como 'Despensa' y 'Tierra de Nunca Jamás', en recuerdo del mítico hogar de Peter Pan.
Garantizar el suministro
Si se confirma, además, que el líquido elemento es, como cabe esperar, abundante en el planeta, entonces se habrá resuelto uno de los mayores problemas a los que se enfrentaban los sueños de enviar misiones tripuladas a Marte: el suministro de agua para los exploradores, que, en el mejor de los casos, deberán permanecer un año lejos de casa.
Transportar desde la Tierra toda el agua necesaria para una misión tripulada a Marte supone unos costes prohibitivos. Los últimos cálculos de la NASA apuntaban a que cada kilogramo de masa que se quiera sacar de nuestro planeta supone un gasto añadido de más de cien mil dólares. Con el agua necesaria en el punto de destino, las naves que viajen a Marte podrán ser mucho más ligeras y, por tanto, más económicas.
Los miembros de una futura base permanente en el planeta rojo podrían, además, sobrevivir utilizando los recursos hídricos marcianos, y disponer así del tiempo suficiente para, quizá, responder a la pregunta de si Marte pudo albergar alguna vez, o alberga actualmente, alguna forma de vida. «Esperamos ser capaces -dijo el investigador principal de la misión Phoenix, Peter Smith- de responder a la pregunta de si ésta es una región habitable de Marte. Corresponderá a futuras misiones determinar si cualquier otro lugar en el entorno puede convertirse en un hogar».
Tras el hallazgo de la 'Phoenix', pues, la pregunta ha cambiado. Ya no volveremos a oír a los científicos interrogarse sobre la posibilidad de que haya agua en el planeta rojo. Lo siguiente, ahora, es determinar en qué lugares de Marte ese agua, congelada bajo la superficie, puede encontrarse en forma líquida. Y si nosotros, los humanos, podremos vivir alguna vez allí.