El Arco es un barrio de reciente creación en Logroño, surgido de la expansión urbanística de la capital con la llegada del nuevo siglo. Se trata de un sector tranquilo, aún sin demasiada vida a pesar de la vitalidad que sí aportan sus residentes, familias o parejas jóvenes casi en su totalidad.
Pero esta calma se vio ayer rota por completo. Casi desde el punto de la mañana y hasta la hora de la siesta. Porque durante siete horas, Arkaitz Goikoetxea, cabecilla del 'complejo Vizcaya' de ETA, estuvo en el primer piso (letra C) del número 6 de la calle Isaac Albéniz. Había vuelto a la que había sido su casa desde enero hasta primeros de este mes.
Al vecindario le costaba creérselo. Había temor. Estupor. «Se me ha puesto la carne de gallina al enterarme», decía una joven. También preocupación. Como la expresada por un chico que llegaba a su casa. «¿Puedo preguntar qué pasa, por qué hay tantas cámaras?», gritó. Están registrando un piso que ha podido ser utilizado por ETA, le respondieron. «¿Dónde? ¿En qué portal? ¿En qué planta?». Al conocer que era su edificio, su reacción fue de inquietud y sorpresa: «¡Pero qué me estás contando!».
Eso sí, pudo entrar y salir del bloque sin problemas. Como si nada. Las fuerzas de seguridad trataron en todo momento de garantizar la calma y el ambiente apacible del lugar. Había madres y niños en la piscina de la urbanización. Quizá el cabecilla etarra, al pasar cerca de ella, se acordó de cómo apenas hace unos días él tomaba allí el sol. A escasos metros de la pileta, agentes de la Guardia Civil con la cara oculta bajo su pasamontañas -entre quince y veinte participaron en la operación- y un perro especializado en detección de explosivos le recordaban que esos tiempos han terminado.
Una vecina del número 8 -se accede por la misma puerta- era de las pocas personas que relativizaban la magnitud de la operación. «Yo soy de San Sebastián y ya he visto cosas así», decía. Hasta la capital riojana ya se habían trasladado el miércoles algunos agentes, para comenzar a inspeccionar la zona y algunas urbanizaciones. «Había movimiento, revuelo, quizá 'secretas'», aventuraba un hombre.
Silencio del propietario
No obstante, también es habitual ver en un bar cercano al piso registrado a miembros de la Policía Local, Policía Nacional o Guardia Civil. Es una zona de rápida salida y bien comunicada con la circunvalación de Logroño y con los accesos a la autopista AP-68.
La vivienda la ocuparon Goikoetxea y Olga Comes, que fue quien la alquiló. Ayer, el propietario del piso -que vive en el mismo sector- se negaba a hacer declaraciones porque así se lo habían pedido desde la propia investigación. Es un apartamento de 75 metros cuadrados, exterior y con vistas a la piscina, con dos habitaciones, dos baños, cocina, terraza y garaje con trastero.
Desde hace semanas, según otra residente, ya había sido colocado de nuevo el cartel de 'se alquila'. «Pero ayer (por el miércoles) vi que se levantaba una persiana». Ayer, el movimiento fue mucho mayor. Los agentes sacaron una decena de bolsas y cuatro maletas y mochilas con diferente material. Y detrás, esposado con bridas, Arkaitz Goikoetxea. La calma, poco a poco, iba volviendo a El Arco.