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LA HISTORIA DE KARADZIC

El ex líder ultranacionalista recuperó ante el juez su verdadera cara, oculta tras un disfraz de gurú alternativo que le mantuvo en la clandestinidad una década

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Como un camaleón, Radovan Karadzic cambia su apariencia para adaptarse al medio en el que debe desenvolverse. Esa facilidad para la mutación explica que se puedan emplear identidades variopintas para referirse al mismo 'carnicero de Sarajevo'. Un psiquiatra especializado en la cura de las paranoias y la neurosis, escritor aficionado con ambiciones, líder político de tipo hitleriano, un curandero con alma errante, y un genocida sentado en el banquillo para ser juzgado por el Tribunal de La Haya. Las mil caras de un mismo criminal de guerra, que han evolucionado de forma paralela a su carrera personal y profesional.
Desde joven aspiraba a alcanzar el poder, pero sus intentonas en los ámbitos de la medicina y la literatura no le reportaron los éxitos que él esperaba. Su carácter fuerte y combativo se dejaba entrever en alguna obra de Karadzic, como el poema escrito en 1971 bajo el título de 'Bajemos a la ciudad, matemos a algún inútil'. Su ejemplo a seguir era la retórica de Slobodan Milosevic durante la defensa de la Gran Serbia, que él llevó al extremo.
Su ascensión política fue meteórica. En 1989 fundó el Partido Socialdemócrata de Bosnia y desde el principio se erigió en líder iluminado de la minoría serbia, pero tuvo que imponer sus ideales a la fuerza. A principios de 1992 se proclamó presidente y jefe militar de la llamada República Serbia de Bosnia y Herzegovina, y empezó una limpieza étnica. Bajo su cabellera aleonada se gestaban las ideas más atroces que animaban al exterminio de los musulmanes.
La cabeza pensante ordenaba y las fuerzas serbobosnias eran los brazos ejecutores durante la guerra de los Balcanes. Una masacre capitaneada por un hombre de aspecto robusto, al que era difícil negarle nada con su 1,85 metros de altura, ojos castaños y pelo gris, que le otorgaban un aura de respeto y liderazgo.
Su aire socarrón desapareció totalmente cuando en 1997 las órdenes de captura por genocidio contra él y su mano derecha, el general Ratko Mladic, adquirieron un tono más amenazador. Karadzic se mordió la lengua y se fugó durante trece años. Su paradero durante todo este tiempo se mantuvo en secreto hasta su detención hace once días.
Irreconocible
El genocida se puso el disfraz de prófugo, lo que le permitió pasar desapercibido mientras andaba por las calles de Belgrado y veraneaba en Croacia. Algo comprensible a tenor de la imagen difundida tras su detención.
Estaba irreconocible. El arresto de Karadzic fue tan sorprendente como su nuevo aspecto físico. Una larga barba blanca, una impresionante melena recogida en un curioso moño en lo alto de la cabeza, gafas... En definitiva, un total mimetismo con un gurú del 'new age'. Bajo la falsa identidad de Dragan Dabic, se erigía como un experto en medicina alternativa, atendía una consulta naturista privada en Belgrado, escribía en revistas del mismo ámbito, daba conferencias y participaba en debates televisivos sobre dietética. Sus vecinos, su casero y compañeros de trabajo le creían un apacible curandero. Un hombre incapaz de matar una abeja y dispuesto a curar a quien necesitase con sus 'pócimas'. Por ello, a muchos les costaba ver detrás de esa imagen a uno de los criminales más buscados.
Hasta el propio magistrado le preguntó ayer en su primera comparecencia ante el Tribunal de La Haya: «Es usted Radovan Karadzic, ¿no es así?». «Sí, soy yo», esclarecía el propio genocida. Y eso que 'el carnicero de Sarajevo' se afeitó la barba y se cortó su larga melena nada más entrar en prisión. Pese a presumir de una salud de hierro, Karadzic luce un aspecto desmejorado, más delgado -se ha negado a comer en la cárcel por miedo a ser envenenado- y desconfiado. Es la nueva cara del genocida, aunque seguro que muestra muchas otras durante el juicio.
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