El metro es un transporte rápido. Mucho más que los trámites administrativos, ya que los escasos segundos que el suburbano tardará en recorrer el tramo entre las paradas de Santurtzi y Kabiezes no serán nada comparados con los tres años de diferencia que mediarán entre ambos puntos. Y es que mientras los vecinos del centro de la localidad marinera se subirán a este transporte en 2009, en las afueras del municipio deberán aguardar a que finalicen unas obras que arrancaran a finales de año y se prolongarán durante 33 meses, hasta 2012.
Su llegada, sin embargo, marcará un antes y un después en la vida de este populoso enclave. Dará servicio a alrededor de 17.000 personas, que quedarán conectadas al Gran Bilbao. Ésa es la esperanza de los residentes. Como Sonia Fernández. Ella, simplemente, ansía que el suburbano «llegue cuanto antes». La razón es muy simple: Kabiezes sólo dispone del servicio de autobuses, que aunque «eficaces dependen del tráfico». «Sobre todo me será útil para pequeños desplazamientos», confiesa, mientras espera salvar con el futuro ferrocarril las empinadas cuestas santurtziarras.
Este deseo también se percibe en el Ayuntamiento. Aquí, a pesar de lo lejana que resulta la cita, tienen puesta toda su ilusión en el futuro. Incluso confían en que los trabajos se aceleren. «Entendemos que tras el plazo de 33 meses de obras, el metro entrará en funcionamiento para el año 2011 y estamos esperanzados de que se cumplan los plazos previstos», anhela la alcaldesa en funciones, Aintzane Cordón.
Hasta Portugalete
Este optimismo institucional no siempre es compartido por los vecinos. Es el caso de Marimar Niño, una vecina de Kabiezes que no pudo evitar fijarse en los particulares ritmos políticos. «De las fechas que dicen al principio a las que acaban resultando, hay un trecho», critica. A pesar de la espera, ella no se priva de utilizar el metro, y cuando quiere acceder a él aprovecha la cercanía de su barrio con Portugalete para utilizar los andenes jarrilleros. «Tardo unos diez minutos en llegar hasta la estación», calcula.
De hecho, la villa vecina ha servido como termómetro a los residentes y comerciantes para estimar las repercusiones que tendrá el metro en su barrio. Marina Fernández, de la frutería Urabayen, ha hecho sus cálculos, ya que su hermana regenta una tienda similar en Portugalete. «El comercio de barrio mantendrá sus clientes», confía.
Más temerosos estaban ayer en el mercado al plantearse cómo afectará la cercanía del suburbano. «Igual nos quita gente en lugar de traer, porque muchos ven que pueden irse a Barakaldo», advierten las carniceras Mari Cruz Esteban y Ana Camina.
La hostelería, en cambio, aspira a ampliar la demanda. Kabiezes es una zona tranquila, tan agradable para pasear que a menudo acerca a vecinos de otras localidades, a veces lejanas como Etxebarri. De allí es Alberto López, que ayer compartía un buen rato con sus amigos. «He venido en coche, pero aparcar está imposible», aseguró. Luisma Piqueras, Manuel Cuevas y Ricardo García eran algunos de los que compartían con él unas cañas y un plato de aceitunas y ante el comentario no podían sino asentir con la cabeza. «Últimamente hemos salido de fiesta por Portugalete y, si no fuera por el metro, yo no iría allí de noche», reconoce.
Especialmente expectante por la llegada del metro estaba Luisma, que ha comprado un piso, aún en obras, en Kabiezes. Aunque trabaja en Portugalete, seguirá utilizando el coche al hallarse lejos su puesto de trabajo. Reconoce, no obstante, que la futura estación del suburbano es uno de los factores que le han animado a comprar vivienda en la zona. «Al final va a llegar antes a Basauri», lanzaba entre risas mientras disfrutaba del buen día de ayer. Tiene la esperanza, sin embargo, de que el proyecto no se retrase más. «También se suponía que en 2008 llegaba a Santurtzi, ¿no?», recuerdan.