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El primer ministro israelí anuncia que no se presentará a las primarias de su partido y dejará el cargo en septiembre
31.07.08 -

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Olmert tira la toalla acosado por la Justicia y la presión de su Gobierno
Olmert informa de su sorpresiva decisión. / EFE
El primer ministro de Israel tira la toalla. Grave, circunspecto, visiblemente dolido, Ehud Olmert compareció ayer por sorpresa ante los medios de comunicación en su residencia oficial para anunciar que dimitirá de su cargo en septiembre, una vez que su partido Kadima elija un nuevo líder en las primarias programadas para el 17 de ese mes y a las que él no se presentará.
«He decidido que no concurriré a las primarias del movimiento Kadima ni intervendré en las elecciones. Cuando un nuevo presidente (del partido) sea elegido, renunciaré para permitirles formar un nuevo gobierno rápida y efectivamente», fueron las palabras con las que Olmert ponía ayer fecha para el fin de su carrera política.
Y el fin también a las especulaciones abiertas meses atrás acerca de cuánto tiempo sería capaz de aguantar bajo la presión de dos investigaciones criminales por corrupción, de una profunda impopularidad por su gestión y ante el asedio político que arrastra dentro de su propia coalición. Sin ir más lejos, ayer por la mañana -sólo unas horas antes del anuncio a la nación-, Olmert abandonó una reunión en el Parlamento tras el enésimo encontronazo con sus socios laboristas lamentándose: «es terrible, no se puede dirigir un país así», al tiempo que sus colaboradores advertían de que el continuo torpedeo de los correligionarios de Ehud Barak era ya «una pesadilla».
El primer ministro no ocultó estas razones cuando, en tono de reproche, se refirió a quienes «quieren derribarme, sin importarles el precio», alusión en la que también cabrían los cuatro ministros de su propio partido que ya se han postulado para sucederle, con mención especial a la titular de Exteriores, Tzipi Livni, ausente ayer de Israel.
Pero su mensaje de fuerza en los catorce minutos escasos que duró el discurso fue para dejar claro que no se rinde por las investigaciones judiciales que le acorralan y para subrayar que, a pesar de ellas, ha conseguido mejorar la situación del país y seguir creyendo que la paz con los vecinos árabes «es lo más positivo para el futuro de Israel».
«Mi inocencia se probará»
«Estoy orgulloso de ser el primer ministro de un país que investiga a sus primeros ministros», dijo para despejar toda sospecha sobre su conformidad y su voluntad de ser fiscalizado «como un ciudadano corriente». Tampoco quiso dejar margen a quienes pudieran pensar que renuncia porque el cerco se estrecha: «Mi inocencia será probada, mi nombre limpiado», insistió, hablando «desde el corazón y el alma». Pero, al cabo, se terminaría quejando de los juicios paralelos, al recordar que «el primer ministro no está por encima de la ley, pero de ninguna manera tampoco por debajo».
«Mi privacidad no es tan importante como el bienestar del público», concluyó, antes de anunciar su marcha para «abrir puertas» a otras opciones. Las posibilidades que se abren son que el sucesor de Olmert forme una coalición, con lo que el país tendría nuevo Gobierno en octubre, o que haya una convocatoria electoral que desembocaría en el nombramiento de un nuevo primer ministro. El todavía jefe de Gobierno llegó al cargo el 4 de enero de 2006, tras el ataque cerebral sufrido por su antecesor Ariel Sharon.
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